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Miércoles, 26 de abril de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
De la mezquindad y otras injusticias
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El Valencia es uno de esos equipos cicateros que suelen sacar ventaja de su juego mezquino y su falta de generosidad. No me gustan los éxitos del Valencia, como no me gustó que el Oporto o el Liverpool ganaran la Champions, o que Grecia fuera campeona de Europa. Me aburren los equipos italianos, y el más italiano de los equipos españoles es el Valencia. Son equipos con oficio y potencia, les hacen poquísimos goles, traban todos los partidos y, como tienen algunos excelentes rematadores, que se han acostumbrado a rentabilizar los pocos balones que les llegan, ganan muchos partidos y obtienen buenas clasificaciones. Son equipos solventes, previsibles hasta el aburrimiento, del gusto de la mayoría de los entrenadores por su disciplina táctica, pero un antídoto contra el espectáculo.

Podríamos considerar los tres goles del Valencia al Athletic como una derrota del romanticismo y la nobleza, una injusticia estética y moral. El Athletic fue más generoso y valiente, de un modo en que no lo ha sido en el resto de la temporada, precisamente en la jornada y contra el equipo en que hubiera sido bueno el empate. Pero esta semana se ha producido otra actuación que pudiera considerarse también como una injusticia, y que tal vez no sea la última si alguien no lo remedia. Me refiero a la alineación del Villarreal. Otros equipos, que empataron o perdieron contra el Villarreal, pueden bajar a Segunda, mientras que la Real ha ganado tres importantísimos puntos, a domicilio, frente a un equipo con el mismo nombre pero con diez suplentes. No parece que muestra gran interés por el resultado un equipo que sale a jugar con tan sólo uno de los futbolistas que fueron titulares días atrás en la Champions, en el partido más importante de su historia. Más parece una falta de respeto a la Liga, y un agravio comparativo para el resto de los equipos. En los torneos veraniegos, cuya importancia es anecdótica, los equipos se comprometen a presentar un determinado número de jugadores titulares. Sólo cobran su caché si cumplen esa cláusula. El Madrid no se presenta en Asia con el Castilla. No se lo consentirían. Con mayor razón, la Federación, la Liga de Fútbol Profesional o la institución a la que corresponda deberían impartir instrucciones precisas que garantizaran la más absoluta limpieza en la competición.

Si un equipo saliera con diez suplentes, y el entrenador declarara que lo hacía porque el equipo contrario le resultaba más simpático que otros en riesgo de descenso, se armaría, con razón, un gran escándalo. Intervendría la justicia deportiva, y probablemente la ordinaria. Y sin embargo, apenas nadie ha protestado por que el Villarreal reservara a la inmensa mayoría de sus titulares para jugar contra el Arsenal. Ha debido de parecer lo más natural, pero la consecuencia objetiva es la misma. Puede entenderse la reserva de algunos jugadores, pero nunca de diez sobre once, en un equipo que no es precisamente de 'plantilla larga'. El reglamento debería establecer el número máximo de ausencias permisibles. En cualquier irrelevante torneo veraniego, los organizadores no hubieran consentido esa alineación.

Quedan cuatro partidos de Liga, tres equipos siguen en competiciones europeas, otros varios ya no tienen expectativas, diversos jugadores piensan más que en la Liga en el Mundial, pero a tres equipos les va a tocar descender de categoría. La limpieza de los comportamientos no debería fiarse al concepto de la deportividad que tenga cada cual, sino que las autoridades deportivas tienen la obligación de extremar, de oficio, su vigilancia, e impartir instrucciones precisas con el fin de que no se falsee la competición, sino que esté garantizada la equidad.



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