El vigente campeón de Europa de automivilismo de montaña, Ander Vilariño, demostró ayer su superioridad en Arrate y se impuso con comodidad en la primera prueba del Campeonato Vasco, presentando sus credenciales para reeditar el título continental. Tras una primera manga bastante floja, Vilariño se exhibió en la segunda y definitiva, aunque no pudo superar el récord de la prueba por muy poco, una marca que él mismo logró el pasado año, cuando se la arrebató a su padre, Andrés Vilariño.
De cualquier forma, las faldas del monte eibarrés de Arrate recuperaron ayer el olor a gasolina y goma quemada, en una de las pruebas más prestigiosas del calendario nacional. Muchos jóvenes incluso hicieron noche el viernes con sus tiendas de campaña para escuchar el rugido de los motores. Tiene su mérito, teniendo en cuenta que la climatología no acompañaba demasiado.
El tiempo fue precisamente uno de los protagonistas de la 35 edición de la prueba eibarresa. Durante la mañana, la lluvia hizo acto de presencia y se esperaba que el agua acompañara a los pilotos en la subida, algo que la hace más espectacular, pero a su vez bastante más peligrosa. Finalmente, a mediodía dejó de llover, y los pilotos tuvieron que resolver la duda de si utilizar neumáticos de seco o de mojado. El ganador optó por los segundos, y tal vez fuera ésta la razón para que se le escaparan las décimas que le faltaron para batir el récord histórico de la subida.
Junto a Vilariño subieron al podio Fran Cobo y Javier Alday, ambos al volante de un BRC muy rápido, aunque lejos de los tiempos de un Vilariño intratable con su espectacular Fórmula Reynard 3000. Más de 400 caballos empujaron hasta la victoria al joven de la saga de los Vilariño.
Al final, fueron un total de 36 pilotos los que consiguieron terminar una prueba en la que llamó la atención un Mini espectacular, y también un Porsche 911 Carrera, sin olvidarnos de los 'Speed Car', coches de 300 kilos de peso que montan motores de motocicleta.
El ganador, contento
Cierto es que Ander Vilariño no es un chico que muestre sus emociones en público, pero ayer no podía evitar esbozar una sonrisa al subir a lo más alto del cajón. Su nuevo motor, importado desde Japón, funciona como la seda, y en su sonrisa se podía leer sus intenciones de revalidar el título europeo. Así lo reconocía el propio Vilariño. «En la primera manga, las cosas no nos han salido nada bien. Estrenamos el motor ayer (por el viernes), y había algo que no funcionaba, pero nuestro mecánico se ha dado cuenta de que era un problema del filtro y lo ha solucionado. Por eso el tiempo de la segunda manga ha sido tan bueno».
De no ser por este problema, estaba convencido de que hubiera batido el récord. «Sí, estoy seguro de que sí. En la segunda manga el asfalto está más frío y es más difícil batir los récords, pero volveré el año que viene para batirlo», sentenció.