A lo largo de la semana la plantilla albiazul se había hartado a repetir que Mendizorroza iba a ver un triunfo del Alavés. Los augurios se quedaron en predicciones de pitoniso porque la realidad es que la derrota aumenta la incertidumbre del futuro más cercano. La permanencia se ve un poco más lejos, aunque todavía hay tiempo para reaccionar, eso sí, con una jornada menos (cuatro) por delante.
El nuevo tropiezo, además de aportar desasosiego en raciones extra, pone en entredicho la solidez en el estadio del paseo de Cervantes. Hasta justo antes de los dos derbis frente al Athletic y Osasuna, el conjunto albiazul registraba una estadística muy diferente a la de la primera vuelta. Cuatro victorias y tan sólo un empate (con el Racing) habían confirmado el cambio de imagen como equipo local.
Sin embargo esta trayectoria comenzó a truncarse con la escuadra bilbaína (0-0) y se acentuó cuando el cuadro navarro visitó el campo vitoriano (1-2). Ayer, la crisis dio una nueva vuelta de tuerca en el peor momento, cuando los partidos en casa se perfilan como fundamentales en pos de la salvación. Dos son los que le quedan en Mendizorroza. El Betis, de ingrato recuerdo porque el anterior descenso llegó con la derrota ante el conjunto verdiblanco, y el Deportivo en la última jornada de la competición. Y parece que el choque contra los coruñeses lleva camino de convertirse en una auténtica final, un duelo en el que la permanencia puede estar en juego.
A la espera
La amargura por la oportunidad perdida puede verse acentuada dependiendo de lo que hagan sus rivales directos. Parece improbable que todos ellos ganen, pero sí tendrá que estar atento a lo que haga el Cádiz con el Deportivo. Una victoria gaditana hundiría al Alavés hasta el puesto decimonoveno. La Real venció ayer en Villarreal y toma aire.
Habrá que esperar a qué sucede en la jornada dominical para conocer con exactitud las opciones albiazules. Pero lo que no tiene ningún tipo de atenuante es que manteniendo esta línea será muy complicado que el Alavés continúe en Primera, por no decir imposible. Máxime teniendo en cuenta que el próximo domingo visita a un Valencia que no quiere abandonar el segundo puesto en la tabla. El golpe ante los colchoneros ha agrandado la herida abierta. La zozobra en la que se ha instalado no es un buen signo para un equipo que no puede bajar los brazos.