Los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Francia, China, Estados Unidos, Reino Unido y Rusia), además de Alemania, se reúnen hoy en Moscú para hablar de la crisis nuclear iraní y tratar de buscar una salida al problema. Pese a que hay unanimidad en cuanto a la necesidad de evitar a toda costa que el régimen islámico de los ayatolás se dote del arma atómica, las posturas son divergentes en cuanto a la forma de conseguirlo.
La situación se agravó hace justo una semana cuando el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, aseguró que su país ha logrado completar por medios propios el ciclo de enriquecimiento de uranio, paso indispensable en el camino hacia la producción de combustible para el reactor de una central nuclear, pero también para la construcción de una bomba atómica.
Washington prepara ya medidas de carácter militar e intenta conseguir el acuerdo de sus aliados para imponer sanciones al país persa. El Kremlin, sin embargo, tiene sellada una alianza con Irán, en cuya ciudad de Busher, especialistas rusos construyen una central nuclear. Moscú no quiere oír ni hablar de embargos y menos aún del empleo de la fuerza.
Pekín también pide prudencia. Cui Tiankai, viceministro chino de Exteriores, llegó ayer a Moscú procedente de Teherán para participar en el encuentro. El representante de Pekín ha solicitado a las partes que traten de evitar acciones que hagan empeorar aún más la ya delicada situación creada en torno al programa nuclear iraní.
El pasado 29 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó una declaración sin carácter vinculante exigiendo a Teherán que detenga su actividad nuclear. El documento daba a Irán 30 días para cumplir las demandas de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aunque no establecía ninguna medida de respuesta si ignora las advertencias.
Consejo
Por su parte, el jefe negociador nuclear de Irán, Alí Larijani, aconsejó ayer a los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania, que «no repitan los errores del pasado para crear un clima razonable en el que las negociaciones puedan continuar». Reiteró que Teherán no va a suspender sus actividades de enriquecimiento de uranio y que continuará con «paciencia» con su programa nuclear a pesar de las presiones internacionales.
Ademas calificó de «ilógicas» las exigencias de una eventual suspensión del enriquecimiento, tal y como pidió a finales de marzo el máximo órgano de Naciones Unidas.