El sábado 8 se cumplieron tres años del asesinato de José Couso por los soldados americanos. Asesinato y no accidente porque los soldados americanos y sus mandos sabían perfectamente que en el Hotel Palestina se alojaban los periodistas y aún así dispararon a matar.
La familia emprendió acciones para conseguir que se hiciera justicia pero ahora la investigación y justicia para José Couso están en manos del Tribunal Supremo, porque la Audiencia Nacional, a instancias de la Fiscalía, a su vez aconsejada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, acordó archivar la querella presentada en mayo de 2003 contra los militares Thomas Gibson, Philip Wolford y Philip de Camp, del regimiento de blindados de la Tercera División Acorazada del Ejército de Estados Unidos de América. Efectivamente, los jueces de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Fernando García Nicolás, Jorge Campos Martínez y Ricardo Rodríguez Fernández, decidieron que el asesinato de Couso no constituyó un crimen de guerra y que la justicia española carece de jurisdicción para hacer cumplir el Convenio de Ginebra y defender los derechos de sus ciudadanos. Una forma evangélica de lavarse las manos. Pero la familia Couso no se rinde y continúa la lucha a la espera de que la conciencia de otros jueces pueda hacer justicia.
En el acto conmemorativo que se celebró ese día, seguido después de una manifestación ante la Embajada de Estados Unidos, hablaron tres madres afectadas por la guerra injusta y cruel de Estados Unidos en Irak. Estaba la madre de José Couso, que con coraje e inteligencia lidera la lucha contra el olvido de la muerte de su hijo; como representante de los soldados americanos que han desertado, que ya comienzan a ser multitud, estaba la madre del primero de ellos, una mujer costarricense que habló con orgullo de su hijo desertor; y finalmente estaba una mujer iraquí que el día antes de la muerte de Couso, cuando huía de los bombardeos en el coche con su marido y sus cuatro hijos, vio un tanque americano que les disparaba. Fue lo último que vio porque cuando despertó en el hospital a donde alguien la había conducido muy malherida se encontró con que estaba sola en este mundo, porque los americanos habían acribillado a su familia y matado a sus cuatro hijos y al marido.
Guerra cruel, injusta e inútil que sigue con más saña y más engaños que entonces. Al-Qaida ha matado a ocho o diez mil personas, pero Bush ¿no ha matado a más de cien mil?