En vísperas de su trigésimo cuarto cumpleaños, Conchita Martínez decidió ayer poner fin a su carrera deportiva. En una multitudinaria rueda de prensa ofrecida en Valencia anunció su retirada de la práctica profesional del tenis tras toda una vida dedicada a la raqueta y 18 años en la élite.
Las lesiones y los malos resultados de las últimas temporadas han sido el detonante para que anunciase que lo deja. Aunque, al igual que Arantxa Sánchez Vicario, tampoco renuncia a la posibilidad de continuar compitiendo en dobles.
«No ha sido una decisión fácil, porque el tenis ha sido mi vida. La he tomado con la cabeza y con el corazón y a partir de ahora podré dedicarme a otras cosas», señaló la jugadora oscense. Martínez también apuntó que se sentía orgullosa de todo lo que ha conseguido en este deporte «que tanto me ha dado. Han sido muchos años de sacrificio en los que he pasado momentos muy duros, pero esos se olvidan y los que van a quedar son los que me han llenado como tenista y como persona», añadió.
Tras una meteórica carrera, plagada de éxitos en las categorías inferiores, Conchita Martínez comenzó a prepararse para el salto a los grandes torneos internacionales. Lo hizo en 1988, de la mano del holandés Eric Van Harpen.
El técnico holandés encontró en la española un diamante por pulir y no cejó hasta conseguir que le acompañara a Bélgica para continuar su formación. La aragonesa, ya en júnior, se mostraba muy superior a sus rivales y su estreno en el circuito no se podía demorar.
Tres medallas
Un año después ocupó el séptimo lugar de la clasificación mundial. En 1991 siguió la estela de Sánchez Vicario y renunció a las competiciones nacionales para centrarse en los torneos WTA. Donde realmente parecía sentirse más a gusto era sobre la hierba de Wimbledon y fue en esa mítica pista donde se consolidó como una de las mejores raquetas mundiales. La jugadora aragonesa se hizo con el triunfo en su tercera presencia en el All England. El 2 de julio de 1994, batió a la estadounidense Martina Navratilova en la final y se hizo con el torneo.
Las lesiones, los momentos de desánimo y la falta de constancia fueron algunas de causas que desembocaron en los altibajos que han marcado su carrera. Pero, pese a todo ello, puede presumir en su despedida de instantes plenos de gloria.
Tres medallas olímpicas, triunfos en torneos tan prestigiosos como Amelia Island, Hilton Head, Internacionales de Roma o cinco título en la Copa Federación son algunos de los galardones de una carrera envidiable. Su marcha pone fin a una carrera de 18 temporadas durante las que la aragonesa escribió una de las páginas más brillantes del deporte español, del que obtuvo su reconocimiento con la concesión por parte del Gobierno de la Gran Cruz del Mérito Deportivo en 2001.
La aragonesa disputó su último partido en diciembre. En aquel encunetro, en una pancarta rezaba el lema 'eterna Conchita'. Se equivocaron.
Atrás quedan los 33 títulos en individuales que la convierten en la española más laureada, y las 739 victorias WTA que la sitúan en el sexto lugar entre las tenistas con más triunfos de la historia. «Me gusta más el tenis de hace años que el actual, en el que predomina el juego físico y la pegada, echo de menos otras cosas, la variedad en el juego», comentó.