Siete partidos en un mes. Es el margen de maniobra que resta en la ACB. La recta final de la temporada más alocada que se recuerda. Un megasprint en el que dos equipos de la cola del pelotón se quedarán definitivamente descolgados y camino de la Liga Leb. La meta del Lagun Aro es no formar parte de ese dúo maldito. Siempre lo ha sido, pero a nadie le hubiera amargado el dulce de una clasificación más solvente a estas alturas. No ha podido ser y de lo que se trata ahora es de apretarse los machos y saber cada uno lo que se trae entre manos.
Txus Vidorreta ya envió el primer aviso en sus declaraciones del Jueves Santo. Advirtió a sus hombres de que mal van ellos y el equipo si hay paladas a destiempo, fuera del compás que marca el timonel. Es lo que, a su juicio, decantó el anterior partido frente al Etosa -es complejo no volver la vista atrás aunque hacerlo no conduzca a nada positivo- en favor del hasta entonces colista. Es, quizá, también lo que le ocurre a un atípico Alta Gestión Fuenlabrada, el rival de esta tarde (19 horas, Punto Radio). Los madrileños han bajado los brazos tras ser atropellados por los designios 'dedocráticos' de la clasificación copera. Los bilbaínos han dado tumbos cada vez que su horizonte se expandía. Al final, unos y otros no han acabado de encontrar la tranquilidad total.
La minitemporada que hoy comienza nace bajo el signo de las urgencias. Las derrotas pesarán más que su traducción empírica y las estadísticas, suele suceder, comenzarán a saltar hechas añicos. Al Lagun Aro sólo le sirve la victoria. A estas alturas de la película ya no hay lugar para los triunfos morales, para las buenas actuaciones sin recompensa. Sólo sirve llevarse a la chica antes de que asome el 'the end'. Para ello, Vidorreta espera contar con la mejor versión de algunos jugadores. Respecto al último domingo, es evidente la necesidad de mejora de Salgado, Panko, Rancik y Scott, por citar acaso a los cuatro hombres más anémicos en relación a sus mejores momentos del curso.
Al base le vendría bien algo más de aliento en la nuca. Stefanovic no acaba de brindárselo, lastrado por sus limitaciones defensivas. A Panko y Rancik parecen superarles los excesos de ímpetu, ambición, frenesí, siempre entendido como elementos individuales. El equipo les debe mucho a ambos y así deberá seguir siendo para llevar el bólido rojillo hasta la línea de meta. A Scott le pasa factura verse alejado de sus vástagos, ya de regreso en Estados Unidos. Está a miles de kilómetros de sus prioridades en la vida y su estado anímico se resiente. A fin de cuentas, un equipo no deja de ser un cúmulo de personalidades. Ganar hoy en Fuenlabrada, sería un gran bálsamo que curaría hasta las tristezas personales.