«He encontrado un país estancado. Es un caos. Está peor que hace quince años». Juanito conoce Nepal desde hace casi 25 años y llevaba desde 2004 sin pisar Katmandú, una ciudad que le trae gratísimos recuerdos y donde tiene muchos amigos, y no tiene dudas al realizar una afirmación tan contundente. Aún más grave si se tiene en cuenta que se trata, según el escalafón de Naciones Unidas, del tercer país más pobre del planeta. Y la familia real nepalí, la séptima más rica del planeta.
Durante los 90, Nepal supo aprovechar el tirón del turismo de montaña, su principal y casi única fuente de ingresos, para lograr un tímido pero significativo progreso. Sin embargo, la llegada al poder en 2001 del nuevo rey, Gyanendra, tras unos oscuros sucesos en palacio que costaron la vida al resto de la familia real, marcó un punto de inflexión en el país. La sospechosa ascensión al trono de Gyanendra fue la excusa perfecta para la adormilada guerrilla maoísta, que inició una dura ofensiva contra todo lo que significara Estado.
La situación, lejos de atemperarse, no hace más que empeorar. El año pasado, el rey instauró una dictadura de facto, mientras la guerrilla se muestra cada vez más fortalecida, controla amplias zonas rurales del país y convoca huelgas continuamente. La última se desarrolla estos días, con el apoyo de los partidos políticos. Afecta sobre todo a Katmandú, toque de queda y incluido incluso de día, ha bloqueado a todas las expediciones a las que les ha pillado en la capital y se ha cobrado la vida de al menos cinco personas en los enfrentamientos entre manifestantes y soldados.