Se anuncian magníficas veladas, de esas que no siempre se celebran de noche. El combate entre Berlusconi, que es la economía más floreciente de la divina península, y Prodi, que es el que más sabe de economía, ha debido declararse match nulo. Cualquier árbitro honrado lo hubiera hecho, pero los dos se creen vencedores y hay que esperar el veredicto. También habrá que aguardar la decisión de Estados Unidos, que estudia lanzar ataques aéreos contra las instalaciones nucleares de Irán, como parte de una «diplomacia coercitiva». Se conoce que como les ha salido tan bien la guerra contra Irak, desean darle más representaciones en los países cercanos, a ver si tienen el mismo éxito de público. Quizá le llamen «diplomacia coercitiva» a la última fase de la diplomacia a secas, ahora que el presidente venezolano Chávez amenaza con expulsar al embajador estadounidense.
La desigual pelea entre Villepin y los estudiantes ha terminado con el triunfo de los últimos, muy superiores en número. El plan de empleo juvenil -¿vaya plan!- ha sido retirado. El triunfo de los sindicatos y los chicos ha sido por abandono, después de varios asaltos reñidísimos. En cualquier caso, el combate más apasionante es el que se programa en España: los obispos contra los teólogos. El desafío ha partido de la Conferencia Episcopal, que ha publicado una pastoral con motivo de los 40 años del Vaticano II denunciando que hay teólogos que fomentan el relativismo moral. Según Borges, la teología es una de las ramas de la ciencia-ficción. El diccionario define el vocablo como la ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones. Los obispos son los prelados superiores de una diócesis. Yo le profeso gran estimación y cariño a uno de ellos, que se retiró voluntariamente hace tiempo, monseñor Buixarraix. Ahora está de enfermero.