El Correo Digital
Sábado, 8 de abril de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
La crisis de Bono
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció ayer importantes cambios en la composición de su Gabinete en una crisis cuyo origen ha sido la decisión del titular de Defensa, José Bono, de abandonar el Gobierno y la política activa. La marcha de un 'peso pesado' del Ejecutivo, como el antiguo presidente de Castilla la Mancha, aspirante a secretario general en su día e influyente barón socialista, tiene un coste evidente sobre la estabilidad del equipo de Rodríguez Zapatero y daña la imagen de control que siempre ha querido transmitir. La circunstancia, sin embargo, ha sido aprovechada por el presidente para reforzar con políticos de su máxima confianza las carteras que serán decisivas en la gestión del que, sin duda, es el mayor reto de la presente legislatura y, probablemente, de toda la democracia: el proceso que podría llevar al fin de la violencia terrorista. José Antonio Alonso se hace cargo del Ministerio de Defensa y deja su puesto en Interior a Alfredo Pérez Rubalcaba. Dos nombramientos que garantizan la plena sintonía entre los dos departamentos y entre éstos y el propio presidente del Gobierno, a la vez que coloca al hasta ahora portavoz parlamentario en un puesto clave en el delicado periodo abierto con el alto el fuego de ETA. La falta de confianza del PP hacia el nuevo ministro de Interior, que Mariano Rajoy hizo explícita ayer, es uno de los puntos débiles de este esquema, por su posible influencia negativa en la iniciada aproximación entre Gobierno y oposición en materia terrorista.

El otro elemento significativo de la crisis es el relevo en Educación, que encaja con la opinión generalizada de que la ministra San Segundo no ha conseguido hacerse con su departamento, hasta el punto de que la LOE tuvo que ser pilotada por técnicos de su ministerio y la propia vicepresidenta del Gobierno. La necesidad de poner en pie la ley, que lleva aparejadas nuevas partidas presupuestarias, explica el relevo, que en cambio no ha tenido lugar en otros ministerios también con un nivel de gestión por debajo del mínimo exigible. Zapatero, que no ha sido capaz de retener a Bono, ha preferido, sin embargo, mantener la continuidad del resto del Gabinete y evitar el desgaste de una remodelación más amplia. Ahora bien, no debería echar en saco roto las señales que esta crisis trae consigo. La marcha de Bono, que podría traducirse en una mayor apariencia de cohesión del Gabinete, al perder a una de sus personalidades más singulares y menos ortodoxas respecto al discurso del presidente, denota el malestar que algunas de las decisiones políticas de Zapatero han generado dentro de su propio partido. De momento, la disciplina y el temor a que la oposición se beneficie de los desmarques han evitado que las discrepancias vayan más allá de un artículo en prensa o unas declaraciones inoportunas.



Vocento
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