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Lunes, 3 de abril de 2006
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FÓRMULA 1
Alonso impone su ley en una carrera plagada de cortes y accidentes
El piloto asturiano domina a placer una prueba detenida cuatro veces
Alonso impone su ley en una carrera plagada de cortes y accidentes
MALA FORTUNA. Button rompió el motor de su monoplaza cuando sólo le quedaban 50 metros para cruzar la línea de llegada. / AFP
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Albert Pak quedó hecho cisco. El pulmón verde de Melbourne, que alberga un lago y un campo de golf público, obligará al trabajo extra de los operarios durante días. Así lo decretó una carrera caótica, la tercera del Mundial de Fórmula 1, abonada desde el semáforo verde al pasto de hierros candentes sobre la pista, alerones triturados, ruedas por los aires, hierba quemada y fibra de carbono esparcida por cada recodo del circuito australiano. Un amasijo de emociones y accidentes que se saldó con una postal conocida. Ganó Fernando Alonso. Segunda pieza de tres posibles. Saludos desde las antípodas.

Consciente de que la salida transporta en vía directa hacia la felicidad, Alonso sometió a su cerebro y a sus músculos a una concienzuda educación antes de la carrera. Entre el almuerzo y el comienzo de la prueba, el asturiano tomó asiento en su R26 y durante cuarenta minutos ensayó la arrancada.

Ahí estaba el español, en el impecable taller de Renault, que como todos no tiene una mancha de aceite en el suelo. Alonso, sentado en su monoplaza frente a un simulador informático en su pantalla de ordenador que repite sistemáticamente el tránsito en parpadeo de las luces rojas a las verdes. Una y otra vez, probó los dos embragues del volante, derecha e izquierda, los que estimulan en la práctica el tiempo de reacción, intentando rebañar tiempo al tiempo. Alonso, como siempre, quería empezar a vencer por ahí, en la estampida que equivale a una ganancia de siete metros por cada cinco milésimas en la reacción.

La síntesis de la carrera no se definió, sin embargo, por ahí. Lejos de arrasar monoplazas en la desbandada, como sucedió en Malasia, el asturiano se encontró con la réplica férrea de Button. Tiene mala fama en esa especialidad el inglés, protegido por todos los aromas anglófilos, pero ayer sabía dónde anidaba el problema. Tapó a Alonso como si fuera un defensa de Marcello Lippi y evitó el adelantamiento que se cantaba por el gentío. Una marabunta, por cierto, en el corazón de Melbourne.

Muros de Albert Park

Resultó que la carrera había provisto otros designios. Un trazo muy grueso, repleto de incidentes, calentones, humos de todo pelaje y chatarra por los suelos. Y todo empezó en la desgracia de Fisichella, parado en la salida, arruinado en la zona de boxes por un problema nuevo. El sistema anti-calado, según dijo él. Un botón más que deja con cara de pena al italiano melancólico.

Y comenzó el ferial de las vallas con uno de los misterios indescifrables de esta temporada. Felipe Massa, al mando del segundo coche Ferrari. El brasileño especialista en pasto conoció los muros de Albert Park en la primera vuelta. Se llevó por delante a Nico Rosberg, el alerón de su Williams y los sueños del cachorro alemán. Ya dice el refrán que nada es como empieza, sino como acaba, y el chaval de 20 años está a cala de hiel después de su exuberante estreno en Bahrein. ¿Qué hace Massa en una institución como Ferrari?

Todo lo que no se resolvió en la salida quedó pendiente de un Mercedes plateado de serie que comenzó a ingresar en la pista con tanta frecuencia que ya parecía un monoplaza más. El primer alto fue una señal. Se paró la carrera y en la salida lanzada, Alonso cogió impulso y rebasó a Button. De ahí, hasta la bandera a cuadros. El resto fue como una carrera de obstáculos, a salto de rías, vallas y fosos. El estacazo de Klien, la salida de pista de Michael Schumacher, crucificado todo el fin de semana por un ritmo muy lento, y el arreón de Liuzzi contra el muro devolvieron al Mercedes plata al mando del pelotón hasta en tres ocasiones más.

Y por ahí estableció las diferencias Alonso. Ante Button en primer lugar y ante Raikkonen en segunda instancia, siempre adquirió ventaja en las salidas lanzadas, señal de que el R26 y sus manos funcionaron de primera. A salvo de las desgracias de los demás, del trompo de Montoya, el k.o de Michael Schumacher, el fallo en las tripas del coche de Fisichella y la increíble fatalidad de Button -su motor se paró a cincuenta metros de la raya-, Fernando Alonso expuso con su victoria que hay poca casualidad en sus éxitos. La vista atrás descubre a Raikkonen con el coche por los aires en los ensayos de Bahrein y en la carrera de Malasia, a Michael Schumacher con una de cal y otra de arena, a Button con el techo de las limitaciones sobre

su espalda, y a Fisichella tendente a la calamidad. De momento, el asturiano es el único que no falla.



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