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Miércoles, 29 de marzo de 2006
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Dos en uno' es un eslogan que muy bien podría aplicarse a las mujeres que hacen doblete, o se doblan, que trabajan fuera del hogar y que una vez finalizado su turno de trabajo llegan al hogar propiamente dicho para ejercer de amas de casa que no es otra cosa que enseñorearse de las labores de limpieza, orden, intendencia, manutención y mantenimiento, aplicarse en hacerse con los mandos de los diversos aparatos que aligeran las faenas de la dueña y señora y mantener el control doméstico en general además de educar día a día, hora a hora, minuto a minuto a la prole y al cabeza de familia en valores de igualdad que esa es otra faceta no menos laboriosa: la labor didáctica pesada y continua sobre la igualdad de sexos y la enseñanza del deber de compartir las tareas hogareñas que son demasiadas, agotadoras, repetitivas y monótonas. Una pesadez desalentadora ser maestra educadora de los propios derechos sin lograr casi nunca sentar cátedra.

Aun así pone los pelos de punta saber lo que significa ser mujer y a la vez por ejemplo periodista en lugares del planeta donde rige el poderoso influjo de la media luna. En Arabia Saudí una reportera tiene prohibido conducir y está obligada por ello a hacerse con un chófer cuyas competencias y atribuciones van más allá del volante. Será ese conductor el que tome fotografías por ella de 'cuestiones y zonas sensibles', será el que se 'infiltre' en sectores estrictamente limitados a varones o conducirá personalmente las entrevistas con responsables políticos que rehúsan recibir a una entrevistadora. Estas periodistas, valientes y esforzadas representantes del cuarto poder, para poder ejercer su profesión han de recurrir para la menor cita profesional a suplicar ayuda a su padre, a su marido o a sus hermanos y, ante todo, siempre al que las conduce en un coche a cumplir con, en sus circunstancias, el imposible oficio de informadoras.

Es lo que cuenta Nadia Fawwaz, redactora que trabaja para el cotidiano saudí 'Al-Watan' desde hace catorce años. Confiesa que para cumplir con el ejercicio de informar ha tenido que movilizar a todo su entorno familiar. Como si se cumpliera en su caso a rajatabla lo que decía del periodismo Lovecraft, «un oficio fácil: cuestión de escribir lo que dicen los demás».



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