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El parque de Doña Casilda se amplía con nuevos paseos y jardines y se une a Abandoibarra
«Esto no es el Central Park de Nueva York, pero es una preciosidad», dijo el alcalde, Iñaki Azkuna
El parque de Doña Casilda se amplía con nuevos paseos y jardines y se une a Abandoibarra
PARA DISFRUTAR. El parque de Doña Casilda ha ganado 30.000 metros cuadrados de espacios verdes hacia Abandoibarra sobre la vaguada por la que hace tres años circulaban los trenes de la línea de la margen izquierda, desviada ahora bajo la avenida del Ferrocarril, y los vehículos. / FOTOGRAFÍAS DE FERNANDO GÓMEZ
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No es habitual que un cacho de jardín despierte tanto interés, pero el parque de Doña Casilda Iturrizar lo ha conseguido casi un siglo después de su diseño. No sólo por su renombre -esta mujer es la única persona que tiene dos calles en Bilbao- ni por su valor sentimental entre los bilbaínos, que se refieren al recinto simplemente como «el parque».

En un acontecimiento cargado de «simbolismo», el área de esparcimiento más céntrico de la capital abrió ayer al público 30.000 nuevos metros cuadrados de espacios verdes y paseos. No son muchos para una ciudad necesitada de terrenos libres entre el hormigón, pero no están nada mal cuando sirven además para unir El Ensanche y Abandoibarra, separados hasta hace bien poco por una carretera y una trinchera de vías.

Lo aclaró Iñaki Azkuna durante su discurso de inauguración: «esto no es el Central Park de Nueva York, pero es una preciosidad». El parque de Doña Casilda, concebido en 1907 por el entonces arquitecto municipal Ricardo Bastida, tenía 85.000 metros cuadrados, muy bien equipados según un estudio que comparaba los recintos urbanos de las principales capitales de provincia. Los 30.000 metros que acaba de sumar a su superficie -18.000 en zonas verdes y el resto en un bulevar arbolado- le permiten superar la barrera de los 100.000 metros cuadrados. «Y eso es mucho parque», destacó el presidente de Bilbao Ría 2000, entidad que ha ejecutado la obra de ampliación.

Como El Arenal

Muy pocos tienen esa marca en la ciudad, sólo superada en la periferia por el parque Etxebarria, el de Txurdinaga y Artxanda, éste ya en pleno monte. Como comparación, el nuevo sembrado de Doña Casilda que crece sobre la antigua carretera del parque y la línea de Renfe que llevaba pasajeros y mercancías es tanto como El Arenal.

Reconvertir la vaguada, vestigio del pasado industrial y portuario de la zona, ha costado 10,3 millones de euros y «mucho trabajo» entre los socios de Ría 2000, explicó el delegado del Gobierno, Paulino Luesma. Aunque se inauguraba un trozo nuevo de un parque, parecía más una cita de las grandes ocasiones al reunir a una nutrida representación institucional y política de la sociedad vizcaína. En su intervención, Luesma subrayó la «apuesta» del Gabinete de Zapatero por el desarrollo de Bilbao y abogó por el trabajo conjunto entre las distintas administraciones que forman Ría 2000, tras los últimos pronunciamientos partidistas sobre la posibilidad de soterrar la línea de Feve en Irala.

Al término de los discursos oficiales, el presidente de la empresa ferroviaria, Dimas Sañudo, aprovechó el acontecimiento para pedir «calma» a todas las partes a la hora de abordar ese reto.

No será tan fácil como en Doña Casilda, que aun así ha necesitado algo más de dos años para echar tierra sobre la trinchera entre El Ensanche y la ribera de la ría. «Hemos cerrado una herida», proclamó Azkuna. En este joven jardín crecen 700 arbustos y 283 árboles hasta la puerta de los edificios de viviendas y del Sheraton. Son retoños, nada que ver con los magníficos tilos, magnolios o el alcanforero centenario que florece frente a la estatua de Casilda Iturrizar.

Como homenaje póstumo, el director de Ría 2000, Ángel Nieva, unió este nombre al del trabajador fallecido en 2005 durante las obras, Manuel Gonzalves Carneiro da Silva, portugués de 53 años.



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