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Miércoles, 29 de marzo de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Las revoluciones tranquilas
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Yeste parece lo más alejado de un predicador, pero ha pronunciado en esta temporada dos sermones decisivos. «No podemos estar todo el tiempo corriendo como locos», dijo cuando Mendilibar proponía que los delanteros fueran los primeros defensas y persiguieran denodadamente cada uno a su par. Y eso en un equipo acostumbrado a practicar, con éxito, durante dos temporadas, justo lo contrario, es decir, ese viejo tópico certero de que la mejor defensa es un buen ataque. A mitad de semana, Yeste dijo que no se llega a la portería contraria pegando pelotazos desde atrás continuamente. Han sido dos intervenciones moderadas, con lenguaje indirecto, espaciadas, en tono educado, sin rebeldía ni denuncia, como si hablara en abstracto sin pensar en nadie. No eran las palabras de un hombre arrogante, sino las de un futbolista sereno y seguro de sí mismo, que toma partido y señala el camino que considera adecuado. «No debemos jugar de una manera tan precipitada -dijo-. O cambiamos el estilo e intentamos jugar un poco más tranquilos, o va a ser muy complicado».

Quien apuesta por el pelotazo teme implícitamente carecer de otros recursos. La entrega y la emotividad son virtudes fundamentales para los que no saben más, pero secundarias para quienes tienen talento. Yeste propuso que la solución era sencillamente jugar mejor. Algo para lo que no sólo él, sino también el resto del equipo, están perfectamente capacitados. Sus palabras no pasaron desapercibidas, y parece que provocaron en la plantilla un debate que seguramente se venía necesitando. No estamos en la prehistoria del fútbol. Ya no basta con correr y chocar. Si se sabe jugar como contra el Osasuna, no hay por qué hacerlo como el día del Espanyol. No sólo por el resultado, pero también por el resultado, seguramente proporcional al juego que se practique. Es más probable que se gane cuando se juega mejor.

Yeste no se limitó a hablar entre semana, sino que el sábado fue consecuente en el campo, donde verdaderamente importa. No sólo jugó muy bien, sino que tomó el mando y marcó el estilo. Se alió con sus semejantes (Orbaiz, Iraola, Etxeberria, Aduriz...) y todos ellos, con las espaldas bien cubiertas (Lafuente, Prieto, Ustaritz...), se pusieron a jugar al fútbol en corto y en largo, con rapidez y con calma, según conviniera en cada momento. Tiento y compás. Ganaron merecidamente al segundo clasificado, no porque pusieran más entusiasmo, que lo pusieron, sino, sobre todo, porque jugaron mejor.

En los tiempos de crisis se corren riesgos, pero surgen también nuevas oportunidades. Los más resueltos no sólo saben aprovecharlas sino que ya no las sueltan. Es el caso de Ustaritz. Se han llegado a probar hasta a cinco jugadores en su puesto y se ha venido especulando con la contratación -que no es fácil ni barata- de un sexto. Pues bien, todo parece indicar que esa parcela ya tiene dueño y lo va a tener por mucho tiempo. Gracias a la crisis ha emergido un central extraordinario. También gracias a la crisis, y tras una pequeña revolución tranquila, Yeste ha dado un salto de calidad y de carácter, que puede ser decisivo para el equipo y para su definitiva consagración como futbolista. Ha sido una semana inolvidable, en la que también el Athletic se quiso sumar, como se sumó el buen tiempo, a la alegría de los ciudadanos.



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