Cualquier manual de guionista aconseja escribir sobre aquello que se conoce. Daniel Sánchez Arévalo sabe mucho de cine: es hijo de la actriz Carmen Arévalo y del pintor José Ramón Sánchez, que enseñó a amar las películas a la generación de espectadores de 'Un globo, dos globos, tres globos'. «Él es el máximo responsable de que yo haya acabado haciendo cine. Me ha enseñado a amarlo con sesiones triples en la Filmoteca. Mi madre le reprochaba que no vivía su propia vida, siempre metido en las películas. Ahora me lo dice a mí».
'Azul oscuro casi negro', la ópera prima más deslumbrante del año, no sólo bebe de la cinefilia de su joven autor. Esta «comedia sobre el drama de la vida» refleja la desazón que sintió este madrileño de 35 años cuando no sabía qué hacer con su vida. «No es una película de chavalillos, sino de gente que no sabe cómo labrarse un hueco en la madurez. Porque si a los 25 años no has tenido la oportunidad de decidir por ti mismo, llega la amargura y la frustración».
El protagonista del filme, al igual que Sánchez Arévalo, estudió Empresariales. Pero las circunstancias no le dejan vestirse ese traje azul oscuro, casi negro, que le auparía de clase social. Está condenado a cuidar de su padre, víctima de un infarto cerebral, y a heredar su trabajo de portero de finca. Sentenciado a bregar con un hermano preso en Soto del Real, a soportar a un amigo traumatizado al descubrir que su padre es homosexual, y a beber los vientos por una vecina pija a la que baja la basura.
Vencedores morales
«A mí también me pasó sentirme responsable de todo y de todos», confiesa el director. «Estudié Empresariales porque tenía la necesidad de rebelarme contra lo que el destino me tenía preparado en una familia de artistas. Tardé en encontrar mi camino y en darme cuenta de que, a veces, el mayor enemigo eres tú mismo».
Sánchez Arévalo ha empleado cinco años en llevar a la pantalla un guión que dibuja un paisaje desolador: familias disfuncionales, precariedad laboral, violencia carcelaria Pero 'Azul oscuro casi negro' no compartiría ciclo con Fernando León ni Icíar Bollaín. «No es cine social. Me interesan las historias de personajes, ir de lo pequeño a lo general. Si sacas una lectura social, perfecto. Hasta Fernando León cuenta historias de personajes aunque aborde temas de actualidad: el paro, la prostitución En esta película no hay un tema social, pero es inevitable reflejar la situación actual, y un chaval de 25 años que ha estudiado en la universidad a distancia no va a conseguir un trabajo así como así».
Sánchez Arévalo estudió cine en Nueva York tras recibir una beca Fulbright. Escribió guiones de series como 'Farmacia de guardia', 'Querido maestro' y 'Hospital central', al tiempo que acumulaba premios con sus cortometrajes: 'Gol', 'Exprés', 'La culpa del alpinista' -con guión de Julio Medem- y 'Física II', que ya albergaba a los personajes de 'Azul oscuro casi negro'. El estreno este viernes podría haber sido más dulce si el festival de Málaga, donde la cinta se llevó el Premio Especial del Jurado y el de la crítica, le hubiera otorgado en justicia la Biznaga de Oro. «Debo de estar mal acostumbrado con los cortos, pero podíamos habernos llevado más premios. Sentí el runrún de que éramos los vencedores morales. Convencimos a jurado, crítica y público, pero me hubiera gustado un premio de interpretación, porque lo que más me interesa es la dirección de actores».
Marta Etura es la única actriz conocida de un reparto que conserva a los actores de 'Física II'. Entre ellos, Héctor Colomé, el padre inválido a través del cual el realizador homenajea a una abuela con demencia senil. «Algo dramático: no te reconocía, estaba inválida, se hacía todo encima Curiosamente, su enfermedad me sirvió para reencontrarla. Era muy arisca y se convirtió en una niña necesitada. Conseguí darle vidilla, hacerla reír todos los días y yo reírme con ella. De paso, denuncio la situación de esta gente, a la que la Seguridad Social no paga ni los pañales».
Sánchez Arévalo confía que el título de su ópera prima «genere curiosidad». Está tranquilo porque Julio Medem le hizo ver que iba por el buen camino. «Yo también he querido crear mi universo con reglas propias. Julio me ha enriquecido al compartir mis miedos, y ver que son los que él pasó. Me dijo que los miedos hay que abrazarlos, porque, si no, te van a bloquear».
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