En rincones varios del mundo mundial, a algunos chavales y chavalas les ha dado por grabar en sus móviles los trompazos y galletas que reparten a otros jóvenes o adultos a los que pillan desprevenidos. Dicen que la cosa está teniendo tanto éxito que no sería raro que cualquier día veamos un festival temático. Y claro, ya hay en la sociedad adulta quien se pregunta qué es lo que estamos haciendo mal con estos chiquillos enloquecidos. Cuando en realidad lo que pasa es que lo hacemos demasiado bien.
Estos chavales son unos fieras. Los viejos les regalan un móvil de esos de última generación y, en vez de quedarse amedrentados como sus padres con tanto botón y tanta función rara, enseguida les han encontrado utilidades insospechadas. Al fin y al cabo, les están regalando una máquina que no sólo vale para quedar con los amigos a comerse la merienda o darle a la litrona, sino también una cámara de televisión con antena emisora incluida y conexión permanente a Internet. Y claro, les entran ganas de grabar sus propios telefilmes. A la hora de elegir temática, lo tienen bastante claro: una cosa a medio camino entre Van Damme y los vídeos de primera, una ensalada de batacazos y mamporros cuyo linaje se remonta al guiñol y al cine mudo. Visto de qué se alimenta su cultura televisiva, lo asombroso sería que lo usaran para hacer documentales de fauna.
Como cualquier realizador adulto, los niñatos del mamporro buscan el éxito, traducido en audiencia. ¿Qué sería un gran director sin su público? Así que, lógicamente, los difunden todo lo que pueden, vía mensajes, páginas web o lo que sea. De hecho, aquellos cuyos vídeos han sido nominados para ser emitidos una y otra vez en las televisiones a fin de ilustrar el fenómeno deben de estar encantados. Nunca una película tan barata tuvo tantos espectadores. Como no tienen medios para decorados y efectos especiales, se valen de otro recurso muy de hoy: el 'reality show'. Si el batacazo es auténtico, el valor de la obra aumenta. Así que, como vulgares soldados-turista en Abu Ghraib, se filman a sí mismos haciendo la puñeta a sus semejantes, otra fórmula de éxito y rabiosa actualidad. Así que de mal enseñados, nada, estos chavales son unos triunfadores. Verás cómo alguno de estos aún termina en Hollywood.