Las ideas están en el aire como el polen esta primavera. En las praderas de los parques urbanos brotan las flores del diente de león y las margaritas. Ha hecho calor este fin de semana. El aire de la ciudad, sucio de partículas de diésel, envenena el polen y agudiza las alergias. Salimos a la calle con una sensación extraña, como si nos hubieran quitado una losa de encima, pero miramos hacia el cielo con prevención, para ver si la losa sigue ahí. El día que se hizo público el primer comunicado de ETA, las televisiones emitían sin parar la imagen de tres encapuchados con txapela y mi hija de tres años decía 'mira, se mueven, este fantasma se mueve, y este también'. Ahora tenemos la esperanza de que, para las criaturas de la edad de mi hija, los activistas de ETA puedan ser, dentro de veinte años, unos fantasmas extraños y anacrónicos (anacrónicos ya en el tiempo de su plena vigencia) que pudieron inquietar algún día de su infancia. Sombras, anomalías de la historia que habrá borrado la amnesia infantil. El relato de un trágico malentendido. La historia particular de un viejo error humano. Las ideas, en el aire, chocan, se enfrentan y se contaminan. La democracia, entre otras cosas, es un escenario que hace posible la lucha de las ideas, para que la gente no luche entre sí por ellas. Morir -y matar- por las ideas, vieja idea; en resumen: imponerse a los demás por la fuerza (servir al poder, sacrificar y sacrificarse). En los tiempos modernos esta viejísima forma de actuar se disfrazó de discursos revolucionarios y pseudo-científicos. Nuevas máscaras para un impulso atávico. Siempre habrá diferencias, visiones encontradas, conflictos, y si vamos a dirimirlos a base de sangre y bombas mantendremos eternamente abierta la puerta grande del infierno. Etxerat quiere que a los presos se les reconozca su estatus político, pero los presos no están en la cárcel por defender un Estado vasco independiente, sino porque han matado. Lo que le cuesta al conjunto de esta especie depredadora que somos admitir que matar está mal. Empiezas a matar por esta o aquella justísima o injustísima causa, y siempre cae el que no debe, además de que no debería caer nadie, porque sobre los cadáveres se funda el reino del odio, donde la gente empieza a valer menos que nada y el mundo se desrrealiza y se tuerce. Batasuna quiere un proceso democrático para Euskal Herria. Dejar de matar y amenazar es lo más grande que pueden hacer por la democracia quienes mataban y amenazaban. En cuanto a consultarnos a los ciudadanos sobre esto y lo otro, ya habrá tiempo de hacerlo, cuando perdamos la losa de vista. Y antes que nada, que nos pregunten si queremos ser consultados y sobre qué. Ésa sería la primera muestra de respeto a nuestra libertad.