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Domingo, 26 de marzo de 2006
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De Markina a los altares
El obispo de San Sebastián abre el proceso para la canonización de José María Arizmendiarrieta, padre del cooperativismo vasco
De Markina a los altares
EMPRENDEDOR. El padre Josemaría impulsó el movimiento cooperativista.
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Cuando en febrero de 1941 el sacerdote José María Arizmendiarrieta bajó del tren con su humilde maleta de cartón y pisó por vez primera el suelo de Mondragón, la localidad guipuzcoana era sólo un pequeño enclave con clara vocación rural. Un pueblo alegre y sencillo, aferrado a las costumbres de la tierra, no muy diferente a su Markina natal. Nadie entonces podía imaginar que el lugar albergaría, 65 años después, el corazón de MCC, el grupo empresarial más importante de Euskadi.

Caja Laboral Popular, Ulgor -el embrión de Fagor- y Eroski nacieron al calor de las ideas de Arizmendiarrieta, aquel joven párroco que llegó a Mondragon en plena hambruna de la posguerra. El pasado martes, casi treinta años después de su fallecimiento en 1976, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, inició el proceso de beatificación y canonización del sacerdote vizcaíno. Será una causa larga y dificultosa, pero sus promotores confían en que dé resultado, «porque el personaje clave en la historia de MCC era un verdadero santo».

Toda iniciativa de beatificación requiere demostrar que el candidato ha protagonizado algún milagro. El del religioso nacido en Markina se hace palpable, sin duda, en el esplendor económico de la comarca del Alto Deba guipuzcoano. Una obra que consiguió gracias al impulso del cooperativismo y «el trabajo de toda una vida», según recordaban esta semana José María Ormaetxea y Alfonso Gorroñogoitia, dos de sus más estrechos colaboradores.

Arizmendiarrieta nació en 1915 en el barrio Barinaga de Markina. Fue el mayor de los cuatro hijos que tuvo el matrimonio formado por José Luis Arizmendiarrieta y Tomasa Madariaga, una familia dedicada en cuerpo y alma al caserío. José María supo desde muy pequeño que su vocación serían los libros y el sacerdocio.

Sus estudios en el seminario de Castillo Lejabeitia de Artea, no obstante, se vieron interrumpidos violentamente por la Guerra Civil. El alzamiento fascista de julio del 1936 le sorprendió durante unas vacaciones en Markina. Con 21 años, en edad militar, Arizmendiarrieta se alistó en las milicias vascas, donde sacó adelante sus primeros proyectos: los periódicos 'Gudari' y 'Eguna'. En estas publicaciones entró en contacto con otros conocidos intelectuales vascos, como Agustín Zubicaray, entre otros.

1941, el año decisivo

La caída de Bilbao le abocó a la cárcel, donde pasaría alrededor de tres meses. Su colaborador más fiel en 'Gudari' fue fusilado. Por fortuna, el padre del cooperativismo vasco fue indultado -seguramente por su vocación y estudios religiosos-, a condición de integrarse en el ejército rebelde. De la capital vizcaína pasó a Burgos, donde prosiguió con su formación.

Concluida la guerra, 1941 será un año decisivo para la vida de Arizmendiarrieta. En enero ofició su primera misa. Pocos meses después y cuando hacía su maleta para estudiar en la Universidad de Lobaina (Bélgica), una paradoja del destino le obligó a viajar en Mondragon para hacerse cargo provisionalmente de la parroquia de San Juan Bautista. Ya no se marcharía, desarrollando su tarea pastoral durante 35 años.

En la localidad guipuzcoana comenzaría pronto su intensa labor docente y emprendedora. «Sabía motivar a la gente y por eso era capaz de sacar adelante cualquier proyecto», recuerda su sobrino Jesús María Arizmendiarrieta. «Era un trabajador incansable y tenaz», asegura su colaborador Ormaetxea.

A la fundación en 1957 de Ulgor -el embrión de la casa de electrodomésticos Fagor- le sucedería dos años después el alumbramiento de la entidad bancaria Caja Laboral, aunque su gran logro fue la escuela de iniciativas profesionales, verdadero vivero de empresas y motor del cooperativismo y el trabajo colectivo.

«En muchos aspectos, como en el trabajo en equipo, era un visionario, un adelantado a su tiempo», constata su sobrino. Sus innovadoras ideas chocaron a menudo, no obstante, con la rectitud franquista. «Incluso en algún momento se le llegó a tachar de revolucionario y agitador», recordaba esta semana uno de sus discípulos.

Una larga enfermedad coronaria acabó con la vida de Arizmendiarrieta en 1976. Dos años antes había sido operado a corazón abierto. Ahora, treinta años después de su fallecimiento, el largo camino de José María a los altares de la Iglesia no ha hecho más que comenzar.

Promovido por algunos de sus más fieles colaboradores, aglutinados en torno a una comisión de la Caja Laboral, la causa para su canonización se desarrollará con el beneplácito de monseñor Uriarte. El obispo de San Sebastián expresó el pasado martes su «deseo neto» de que su diócesis pueda contar con un nuevo santo. «Queremos venerar también a un hombre de nuestros días, que supo aunar de modo excelente dos aspectos de la evangelización: la promoción humana y el anuncio de la fe».

Ahora, tal y como mandan los reglamentos eclesiásticos, el prelado guipuzcoano designará un tribunal de su confianza que será el encargado de recabar testimonios de personas que conocieron a Arizmendiarrieta. El objetivo es corroborar su fama de santidad y milagros. Al término de esta fase, conocida como diocesana, y si el pronunciamiento es favorable, la causa viajará a Roma para ser supervisada en persona por el Papa, que deberá decidir en última instancia sobre la canonización del padre del cooperativismo vasco. Un proceso que podría prolongarse durante más de una década.



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