La cumbre europea que concluyó a mediodía de ayer en Bruselas sentó los fundamentos de una política energética común. Pero sus contornos son difusos y las instituciones de la UE desempeñan un papel de relevancia menor en ella. No puede decirse por ello, con propiedad, que los 25 consiguieran ponerse de acuerdo en una nueva política comunitaria.
Los líderes de la Unión dieron su visto bueno al desarrollo de una política europea de la energía basada en tres objetivos principales: sostenibilidad, competitividad y seguridad de suministros. La Comisión, por un lado, en el limitado alcance de sus competencias y el Alto Representante para la Política Exterior, por otro, con las suyas buscarán la manera de incorporar la energía al desarrollo de la política exterior común, con atención preferente hacia Rusia.
Habrá iniciativas para activar la política de interconexiones, que languidece en la inoperancia desde los compromisos de la cumbre de Barcelona de 2002, y para la puesta a punto de estrategias orientadas a que las redes de energía de la UE operen como una malla integrada.
Coordinación
El problema es que la materialización de todas estas formulaciones ha quedado confiada a la «coordinación de orientaciones generales compartidas», sobre las que las Comisión y el Parlamento carecen de capacidad coercitiva.
El Consejo Europeo se ha negado, bajo presión directa de Alemania, a endosar la propuesta de Bruselas de un regulador a escala europea. El presidente del Consejo, el austriaco Wolfgang Schüssel, descartó la iniciativa en la noche del jueves. La juzgó innecesaria por burocráticamente redundante. «La mayoría de los socios comunitarios tiene ya su propio organismo regulador. No se trata de crear nuevas estructuras burocráticas. Quizás podamos conseguir lo mismo a través de una coordinación de los organismos reguladores ya existentes», señaló.
El presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, aceptó el planteamiento de la cumbre explicitado por Schüssel, que echaba por tierra el elemento central de su Libro Verde sobre la energía.
La coordinación de los organismos reguladores es la figura asumida por el Consejo Europeo para encauzar la aspiración. La Comisión promoverá planes de eficiencia energética y establecerá una 'hoja de ruta' a largo plazo sobre energías renovables, pero los estados serán libres de seguir sus indicaciones, y carecerá de autoridad para imponer objetivos.
Con el precedente de la 'coordinación de orientaciones generales compartidas' de la frustrada estrategia de Lisboa, los resultados de la cumbre de ayer no dan para echar cohetes.