El Correo Digital
Jueves, 23 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
POLÍTICA
POLÍTICA
La izquierda abertzale tras ETA
Una sucesión de siglas ha representado a un magma político y social cuya garantía de cohesión ha sido siempre la banda terrorista
La izquierda abertzale tras ETA
LA MOVILIZACIÓN ha escondido muchas veces las contradicciones en la izquierda abertzale. / F GÓMEZ
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

El 29 de noviembre de 1999, al día siguiente de que ETA anunciase la ruptura de su última tregua, Arnaldo Otegi leyó en nombre de Euskal Herritarrok una declaración que comenzaba así: «Seguimos manifestando que el proceso democrático nacional abierto sigue vigente». En su comunicado de ayer ETA anuncia un «alto el fuego permanente» cuyo objetivo sería «impulsar un proceso democrático en Euskal Herria». Estaba claro que, en 1999, para la izquierda abertzale oficial el «proceso democrático nacional» se situaba por encima del dato objetivo e inexorable de que ETA, un 'agente' en el conflicto, anunciara su regreso al asesinato. Es más, la decisión de la banda terrorista avalaba la necesidad de que el 'proceso democrático nacional' continuase hacia delante. El discurso de ayer fue exactamente el mismo. Una vez más, la lógica circular de la izquierda abertzale pivotaba en torno al dictado de ETA, fuese cual fuese su contenido.

Las palabras del presidente Rodríguez Zapatero, convencido de que nos encontramos «en el inicio del principio del fin», no son nuevas. La convicción de que la persistencia del terrorismo vasco iba contra los tiempos y contra toda lógica y la sensación de que HB era un globo pasajero que acabaría explotando por la propia acción de ETA ocupaba las páginas de una esperanza siempre incierta en los años 80. A comienzos de los 90, el entonces consejero de interior, Juan Mari Atutxa, se prodigó afirmando que «los presos no están por la lucha armada». PNV y EA se distanciaron del Pacto de Ajuria Enea confiando en que la izquierda abertzale sociológica se quedaría algún día sin la tutela de ETA. También por eso las frustraciones del pasado llevan a que nadie pueda estar completamente seguro de que esta vez será la definitiva. Entre otras razones porque la izquierda abertzale sigue nutriéndose del halo de misterio que rodea al terrorismo vasco: ¿cómo es que surgió ETA? ¿cómo logró transitar de la dictadura a la democracia? ¿cómo es que, a pesar de su ilegalización, han continuado movilizando electoralmente del orden de las 150.000 personas? y ¿cómo es que ETA sigue siendo un símbolo para los incondicionales y un tabú para toda la izquierda abertzale?

El logro más importante del terrorismo de ETA, conseguido asesinato tras asesinato y brutalidad tras brutalidad, ha sido la gestación de un entorno social compacto y sectarizado, que aún hoy constituye una 'sociedad dentro de la sociedad'. El germen de dicho entorno social fue apareciendo a medida que la espiral violenta arraigaba en el tardofranquismo. Euskadi Ta Askatasuna había surgido en el seno del nacionalismo como contestación generacional al desistimiento del PNV. El activismo de los jóvenes fundadores de aquellas nuevas siglas derivó en una utilización propagandística de una violencia que adquirió vuelo propio y acabó convirtiéndose en ideología. Tras el asesinato del guardia civil Pardines y la muerte de Txabi Etxebarrieta a manos de dicho cuerpo la espiral acción-represión-acción comenzó a adquirir una dimensión apreciable. Durante 1968 fueron más de 400 las personas detenidas. Pero para 1975, el año de la muerte de Franco, esa cifra se había multiplicado por diez. Cada día eran detenidas una media de quince personas en el País Vasco. Hasta la muerte de Franco, ETA había acabado con la vida de cuarenta y seis personas. Después multiplicaría esa cifra por veinte.

Ese incipiente movimiento, que desembocó en la actual izquierda abertzale, se gestó en el tardofranquismo y en especial en torno al Proceso de Burgos. La entonces llamada 'lucha antirrepresiva' constituía su caldo de cultivo fundamental. Se trataba de una identificación tangencial de importantes sectores de la población con el activismo etarra, aunque no se estuviera de acuerdo con sus métodos. Quizá por eso mismo los integrantes de ese movimiento inicial se mostraron perplejos ante el restablecimiento de las libertades. Ante las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, lo que luego actuaría con la denominación Herri Batasuna abogó por la abstención. Sin embargo, aquella consigna rupturista, establecida por ETA-militar, no obtuvo mucho más eco que la abstención técnica: un 23,58%. Las elecciones ofrecieron una alta participación y supusieron la recuperación social de la memoria histórica con la victoria de PSOE y PNV en Euskadi. Sin embargo, hubo dos hechos que propiciarían la perpetuación del discurso rupturista cuando la reforma parecía asentarse también en el País Vasco. Por una parte, la continuidad de ETA, que condujo a que los efectos de la amnistía durasen sólo unos cuantos días. Por la otra, el reinicio del éxodo interior, de la movilización permanente con la convocatoria de la Marcha de la Libertad. Las cuatro columnas de aquella singular iniciativa, que habían partido el 2 de julio de 1977 desde Zarautz, Gernika, Salvatierra y Lodosa, respectivamente, confluyeron el 28 de agosto en las campas de Arazuri. Telésforo de Monzón fue el encargado de redactar la declaración de aquel acontecimiento, y lo hizo en su habitual estilo agónico: «Nuestro pueblo sigue encadenado... Día a día nuevos nombres pasan a engrosar la lista de nuestros caídos... ¿Que el pueblo de Euskadi se exprese! ¿Que decida!».

MESA DE ALSASUA

Ese mismo mes se constituyó la llamada Mesa de Alsasua con la participación de ANV, ESB, HASI y LAIA en «defensa de la territorialidad de Euskadi, oponiéndose a que se constituya el Consejo General preautonómico sobre tres provincias, y proponiendo la demora de su formación hasta que el pueblo navarro tuviera cauces auténticamente democráticos para manifestar su opinión al respecto». La Mesa de Alsasua se convirtió en Herri Batasuna en abril de 1978 en esa misma localidad Navarra. A la coalición entre los citados partidos -ninguno de los cuales existe ya- se le uniría el 19 de octubre de aquel mismo año una Junta de Apoyo formada, entre otras personas, por el propio Telésforo de Monzón, el sindicalista Jon Idígoras, el mítico portero Jose Anjel Iribar, Francisco Letamendía 'Ortzi', el alcalde de Bergara José Luis Elkoro, Jokin Gorostidi o Patxi Zabaleta. Herri Batasuna lograría 149.685 votos en las elecciones generales de 1979 en Euskadi. Un resultado que se convertiría en el suelo electoral que la izquierda abertzale ha mantenido hasta nuestros días.

HB hizo suya la Alternativa KAS, una plataforma ideada desde ETA ante el advenimiento de la democracia y que, con la elección de las Cortes Constituyentes, se convirtió en la tabla argumental para insistir por parte de la izquierda abertzale en que aquello no era una auténtica democracia. La Alternativa KAS abogaba por la «amnistía entendida tácticamente como liberación de todos los presos políticos vascos», la «legalización de todos los partidos independentistas, sin rebajar sus estatutos», la «expulsión de Euskadi de Guardia Civil, Policía Armada y Cuerpo General de Policía» y un Estatuto de Autonomía que integrase a Navarra, contemplase el reconocimiento de la soberanía nacional y el derecho a la creación de un Estado propio e independiente.

ETA CONTRA EL ESTADO

Pero el magma representado por Herri Batasuna encontraba sus fuentes de cohesión interna en su particular vivencia de la espiral que ETA mantenía viva en su estrategia contra el Estado y el propio sistema democrático. ETA era la garantía última de esa cohesión. La fórmula de la coalición entre partidos daría paso a la constitución de una Mesa Nacional, cuya composición parecía siempre dictada por un poder ajeno a las asambleas de HB. Como ocurría en el propio seno de ETA, la continuidad o no de la 'lucha armada' era un tema tabú para las bases militantes de la izquierda abertzale. No se conoce documento alguno que sugiriera la puesta en cuestión del recurso a la violencia. Los contados casos en los que miembros más o menos significados de HB quisieron mostrar su distancia acabaron silenciados de inmediato.

Esta es la divisoria más importante que ha distinguido la trayectoria de la izquierda abertzale respecto al resto de la sociedad: su disposición a digerir cuantas barbaridades pudiera cometer la banda terrorista. Una divisoria que tuvo dos años cruciales: 1987 y 1997. En 1987 ETA perpetró la matanza de Hipercor, causando 21 víctimas mortales, y el atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, asesinando a otras 11 personas. En julio de 1997, y después de una terrorífica serie de asesinatos de cargos públicos, ETA secuestró y asesinó al concejal popular Miguel Ángel Blanco. Con diez años de distancia, Barcelona, Zaragoza y Ermua representaron los jalones de una creciente reacción ciudadana contra el terrorismo de ETA. Pero aquellas mismas atrocidades, junto con el resto de asesinatos, generaron un fenómeno bien distinto en el seno de la izquierda abertzale: contribuyeron a anestesiar aún más a ésta, a garantizar su seguidismo respecto a la deriva etarra.

TECHO ELECTORAL

Herri Batasuna se convirtió en la plataforma electoral Euskal Herritarrok en septiembre de 1998, coincidiendo con la tregua anunciada por ETA y con la Declaración de Lizarra. La movilización permanente y el activismo con los que la izquierda abertzale había ido entretejiendo su 'sociedad dentro de la sociedad' cosecharon en las autonómicas de aquel año su récord: 223.264 votos. La izquierda abertzale había capitalizado en las urnas el intento de ETA de convertir su derrota en victoria mediante la concesión de una tregua que la ciudadanía vasca recibió con alivio y esperanza. Pero esa misma izquierda abertzale, que había ofertado una plataforma electoral amplia (EH) para disputar especialmente al PNV los frutos del alto el fuego no tuvo empacho en contraerse y dar paso a Batasuna en junio de 2001 para secundar así, con un cierre de filas absoluto, la ruptura de la tregua por parte de ETA. La persecución ideológica que continuó especialmente contra representantes públicos del PP y del PSE-PSOE dio lugar a la modificación de la Ley de Partidos y a la posterior ilegalización de la izquierda abertzale. Autodeterminaziorako Bilgunea, Herritarren Zerrenda, Aukera Guztiak representaron intentos frustrados para poder concurrir a los comicios locales y forales de 2003 y a las autonómicas de 2005.

En todos estos años HB primero, luego Euskal Herritarrok y Batasuna antes y después de su ilegalización han dibujado un movimiento pendular en su afán por mantener el protagonismo político y condicionar el futuro del País Vasco. El péndulo se ha movido entre la venganza histórica que los herederos de la primera ETA tratan de aplicar por momentos al PNV y la necesidad de «acumular fuerzas» en el seno de la comunidad nacionalista. Y se ha movido entre la implacable persecución contra las fuerzas constitucionalistas y su recurrente búsqueda de una línea de comunicación con el Gobierno de Madrid. Si la izquierda abertzale surgió como una réplica generacional frente al nacionalismo tradicional, su trayectoria ha terminado alienando buena parte del ideario nacionalista en la medida en que en el universo compartido por los abertzales, la violencia de ETA, pasó de ser el reflejo de un contencioso pendiente a convertirse en la razón última que explicaba la persistencia de dicho conflicto.

Telésforo de Monzón lo había argumentado así: «Si es el ruido de las campanas lo que molesta, es con el campanero con quien hay que hablar. ¿A qué esperan para negociar con ETA?». Lo dijo en los tiempos de la Alternativa KAS. Hasta la fecha, tampoco la Declaración de Anoeta ha dado lugar a un mínimo margen de autonomía de la izquierda abertzale respecto a ETA. Mientras esto no ocurra y el campanero continúe armado, hablar con él, bajo su tutela o sometidos a su vigilancia entrañará los peligros que nos revela el pasado.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]