«La familia es blanco de contradicción. Por un lado es la institución social más apreciada en los estudios sociológicos y entre los jóvenes y, por otro, se ve sacudida en sus mismos cimientos por una crisis profunda, radical y generalizada». Monseñor Blázquez, obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal Española, radiografiaba con estas palabras la situación de la familia en un acto celebrado ayer en el Palacio Euskalduna y organizado por COAS (Colegios Asociados, entre los que se encuentran Ayalde, Umedi y Munabe, entre otros) ante la celebración del V Encuentro Mundial de las Familias que se desarrollará en julio en Valencia con asistencia del Papa Benedicto XVI.
Ricardo Blázquez repasó los males que aquejan al matrimonio: el incremento de las prácticas divorcistas («es estremecedor pensar cuántas parejas son candidatas a la ruptura»), la «desmesurada proporción de familias monoparentales, la baja alarmante de la natalidad», la aceptación social del divorcio y un batería de leyes presentadas por el PSOE y plasmadas «en el Código Civil» que, subrayó, «son síntomas de desestructuración» de la institución matrimonial. Para el obispo de Bilbao la familia es «un tesoro que tiene que ser muy cuidado» al que las leyes «aprobadas por el Parlamento de Madrid» dañan gravemente. «Son heridas profundas en su estabilidad y en su esencia. Observo esta situación con gran preocupación y tristeza», dijo. Sentimientos que sólo mitigan encuentros con parejas veteranas que celebran sus bodas de oro y plata y la próxima visita a Valencia del Papa. La palabra «terquedad» que se lee en el Evangelio en un pasaje donde unos fariseos preguntan a Cristo por el divorcio merecería, según Blázquez, una mejor traducción. «En griego es esclerocardia. El corazón también tiene sus esclerosis, entonces el amor se congela, se seca. La familia -resaltó- es el ámbito donde se educa a los hijos en el respeto, la fraternidad, el amor, la fe y la confianza, la oración, la justicia, la verdad...».