Hace ya unos meses, en esta misma sección, denunciaba el caso de los 'contratos basura' y concretamente uno en que mi hijo de 26 años, técnico informático, se vio involucrado por parte de una firma multinacional de modas ubicada en un renombrado centro comercial. Transcurrido algún tiempo y tras engrosar las listas del paro, después de realizar diversos cursillos de informática subvencionados por el Inem, se vio obligado -a falta de otras ofertas de trabajo más atractivas y dignas de su profesión- a aceptar otra oferta laboral como dependiente, esta vez en otra multinacional holandesa muy próxima a la citada y dedicada a la venta de complementos deportivos. En esta ocasión, las consecuencias han sido aún más negativas, ya que ni siquiera se le ha respetado el contrato inicial de tres meses debido, según la empresa, a la falta de objetivos previstos de ventas, todo ello rodeado de un ambiente de trabajo tenso plagado de múltiples y desagradables incidencias.
En su día, trasladé una llamada de atención al Gobierno vasco pero veo con indignación que se siguen sin tomarse las medidas oportunas ya que se continúan cometiendo los mismos atropellos laborales. Estas líneas se las dedico a mi hijo, para infundirle los ánimos y la ayuda moral que en este momento necesita, ya que estoy seguro de que tarde o temprano sabrá aprovechar la oportunidad que se merece.