A ella
 Montserrat Lluis
«Érase una vez, en un cielo lleno de pensamientos, una nube de colorido inmenso, creativo, sospechosamente un luego que muchos no entendemos». No. No os voy a contar un cuento. Aunque podría serlo, porque lleva moraleja y porque sé que, un día no muy lejano, tendrá final feliz. Os voy a contar una historia real, no recomendada para corazones sensibles, con nombres y apellidos que, por respeto a quien los lleva, no revelaré. Llamémosla ella, digamos que es joven, 25 años, y añadamos que es la dueña de las preciosas palabras con las que he empezado esta columna. Me las ha enviado por carta desde el lugar donde la están enseñando a encajar en un mundo que es el único que existe, aunque muchos presumamos de vivir en el primero y sólo nos acordemos del tercero, o el cuarto, cuando en la tele organizan una gala. Ella, mi amiga, prefiere vivir en un «mural de sueños» con «muros de inspiración» en los que lamentarse. «Todo tiene sentido otra vez y en otro lugar o momento». Esa es hoy la moraleja. Mañana, cuando ella encuentre su lugar y su tiempo, será el final feliz.
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