 ALEGRÍA. Martínez de Irujo celebra la victoria de un partido en el que estuvo muy activo y logró tantos de gran calidad. / FOTOS: NURIA GONZÁLEZ Y JOSÉ MONTES |
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| OLAIZOLA II-ZEARRA 11 - IRUJO-EULATE 22 |
Pelotazos a buena 583
Tiempo total 66 minutos
Tiempo real 32 minutos
Irujo Olaizola II
Eulate Zearra
Tantos ganados 4 9
Tantos perdidos 8 7
Tantos de saque 0 5
Resultados parciales: 3-0, 3-3, 3-5, 4-5, 5-6, 6-6, 6-8, 7-8, 7-9, 9-9, 11-9 y 11-22.
Incidencias: El frontón Ogueta se llenó.
Apuestas: Se cantó dinero a la par. |
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Lo que ayer se vivió en el frontón Ogueta de Mendizorroza ha abierto una profunda huella en los anales del Campeonato de Parejas. La actuación de Martínez de Irujo pareció salida de otra dimensión y sólo es comparable a la de las grandes figuras de la modalidad de la mano profesional. Libró una batalla fisica y psicológica con Aimar Olaizola, que terminó ganando con suma facilidad.
El de Ibero y Pedro Martínez de Eulate doblaron en el marcador (22-11) a Olaizola II y Zearra en el último capítulo del Parejas. En 583 pelotazos, 66 minutos y 32 segundos de tiempo real, acabó con sus rivales. Y lo hizo de una forma incontestable. Erigiéndose en el gran protagonista del partido y echándose sobre su espalda el peso de la final.
Irujo se asoma a la leyenda. Sobrepasa cualquier tipo de expectativas para entrar de lleno en el contexto de los grandes prodigios. Sus estadísticas así lo avalan. Desde su debut en el profesionalismo, el próximo seis de junio hará tres años, y con 25 años recién cumplidos, ha disputado cinco finales y ha salido triunfante en tres.
Su primer gran éxito llegó al año de dar el salto al profesionalismo. Se proclamaba como el mejor manomanista a lo largo y ancho del frontón. En 2005, formando tándem con Fernando Goñi, daban buena cuenta de Bengoetxea VI y Rubén Beloki. En 2006, con un recién llegado de segunda categoría -Martínez de Eulate- y contra pronóstico apabulló a los representantes de Asegarce.
Un espectáculo
Fue una victoria tejida con la inmensa madeja de recursos que almacena en su fibroso cuerpo. Un auténtico espectáculo. Su propio botillero, Ángel Urzainqui, declaró al abandonar el recinto de Mendizorroza: «Es un tipo que va a marcar la historia moderna de la pelota siempre que le respeten las lesiones».
Finalizó nueve tantos. Dos ganchos marcados desde más atrás del cuadro cuatro, que muy pocos delanteros están en disposición de hacerlo. Le endosó cinco saques a Oier Zearra. Julián Retegi, en su opinión del domingo, ya anticipó «tengo más miedo a los saques de Juan que a un nublado». Sus previsiones se cumplieron con absoluta rigurosidad.
Impuso un ritmo infernal en el juego que terminó por atropellar a sus contrarios. Los sotamanos, tanto de zurda como de derecha, fueron deslumbrantes. Puso varias pelotas con esta jugada a botar por detrás del cuadro siete. Leyó el partido a la perfección y tuvo un comportamiento muy importante al quitarle de aire los restos de saque a su guardaespaldas.
De los once saques que puso en juego Aimar Olaizola, nueve de ellos los interceptó bien de volea o de sotamano la estrella de los cuadros cortos de la promotora de los Vidarte. Fue el que más veces intervino en en el peloteo. Y cada vez que entró a la pelota creó unos problemas irresolubles al de Goizueta y al vizcaíno.
Pedro Martínez de Eulate ofreció una prueba de madurez. El zaguero fue capaz de aguantar con entereza el bombardeo a que fue sometido hasta el ecuador del choque. En su primera final aportó a su compañero grandes dosis de fiabilidad y eficacia, que no es poco. Erró tres pelotas, que fueron a impactar al colchón, en su afán de amortiguar las entradas de aire de Olaizola II.
Accidente de Olaizola II
La tarde le pintó mal al benjamín de los Olaizola. Sufrió un aparatoso accidente de coche en la Nacional I, entre Alsasua y Salvatierra, del que salió ileso. Su automóvil quedó muy dañado en lo que respecta a carrocería. Nada más llegar al frontón, pasó la consiguiente revisión médica en los vestuarios y saltó a la cancha sin problema alguno.
«Está en plenas condiciones para afrontar el partido», expresó el equipo médico de la empresa Asegarce. Hasta el empate (11-11) aguantó el tipo sobre la cancha.
Después se diluyó como un cubito de hielo a la acción implacable de los rayos del sol. Oier Zearra, por su parte, falló tres pelotas y dejó de restar cinco saques. Demasiados para la ocasión.