La crispación que está provocanco el señor Piterman en la familia albiazul es insoportable. Socios, periodistas, instituciones, técnicos, jugadores, etcétera están siendo insultados y menospreciados por el máximo accionista del Alavés un día sí y otro también. La mayoría ya ha levantado su voz e incluso se está movilizando. Pero dentro de ese gran grupo de personas atacadas hay un colectivo que tiene que sufrir esta situación en silencio: la plantilla.
Lo que están viviendo estos profesionales, que no MERCENARIOS, está siendo increíble y por mucho que digan con resignación que ya están acostumbrados al comportamiento de su presidente -entrenador, gestor...-, no es menos cierto que al caos no se acostumbra uno nunca. En un mundo tan complicado como el del fútbol donde, que no lo olvide este señor, el jugador es el gran protagonista, el profesional debe de tener un ámbito de trabajo que le permita rendir al máximo. No un desestabilizador que haga disminuir su rendimiento.
Un mal sueño
Posiblemente con el paso del tiempo todo el esperpento que están padeciendo los jugadores lo recordarán como un mal sueño, pero hasta entonces van a tener que tragar carros y carretas. ¿Quién es el valiente que le dice al jefe cuatro verdades? Pues nadie, ya que sería un suicidio deportivo y las represalias serían inmediatas. Como en los peores tiempos de las dictaduras -y lo traslado a términos deportivos-, estarán aplicándose el dicho: 'pienso, luego existo; pero no puedo expresar lo que siento porque puedo dejar de existir'.
En definitiva, que los jugadores sólo van a poder hablar sobre el campo y esperemos que en esta ocasión el gran mandamás no les destroce el discurso.