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El Ayuntamiento de Bilbao controlará por primera vez su gasto de agua con contadores
Asume la nueva ley para saber lo que consume y evitar el despilfarro Las cisternas se abastecerán de un manantial para limpiar las calles
El Ayuntamiento de Bilbao controlará por primera vez su gasto de agua con contadores
LIMPIEZA. El mangueo a presión es el sistema habitual para retirar la suciedad de las calles. / NOELIA MARTÍNEZ
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El Ayuntamiento de Bilbao ha decidido cuantificar por primera vez su consumo de agua y buscar con ello una mayor moderación del gasto, en un intento por adaptarse con antelación a la próxima Ley de Aguas que se debate en el Parlamento vasco. La concejalía de Obras y Servicios trabaja en dos proyectos para controlar con más rigor sus grifos principales, tanto en sus edificios municipales como en las bocas de riego que abastecen la limpieza de calles y el riego de parques y jardines. Colocará en todos ellos contadores para saber con precisión cuántos metros cúbicos utiliza al día o al año. Porque, aunque parezca mentira para el resto de usuarios, estas administraciones no tienen instalados controles de medición sistemática, una situación que la nueva normativa tratará de corregir.

Una vez cuantificado el gasto, el siguiente paso será el control para evitar el despilfarro. Aquí juega un papel primordial la limpieza de la vía pública, desde el mangueo a la ruta por aspersión que hacen los camiones cisternas. Como todo el agua que llega a Bilbao por las tuberías es potable, la concejalía que gestiona José Luis Sabas pretende usar recursos acuíferos de manantiales cuando se trate de pasar la bayeta a las calles. En concreto, del depósito de Bolintxu, situado camino de Venta Alta, que sólo podrá abastecer a una parte de la flota, obligada a cambiar de ruta para desplazarse a cargar sus cisternas. El riego, por su parte, no podría utilizar esta alternativa porque exigiría cambiar las redes.

Las dos fuentes

En una ciudad que se 'bebe' anualmente 38 millones de metros cúbicos, la ausencia de contadores en todos los grifos impide conocer con certeza qué parte absorbe el Ayuntamiento de Bilbao como cliente. Y es un cliente especial porque bebe de dos fuentes. Su principal aguador es el pantano burgalés de Ordunte, que además es de su propiedad. De aquí satisface el 67% de sus necesidades. El resto se lo compra al Consorcio de Aguas, que trabaja mayoritariamente con el sistema alavés del Zadorra.

Ambas entidades se reparten las competencias del agua en la capital vizcaína. El Ayuntamiento gestiona la red, que también es de su titularidad, la repara y renueva. El Consorcio, que abastece a 54 municipios vizcaínos, pasa la factura en toda la ciudad, se ocupa del saneamiento, al que ya está enganchado Bilbao, y dirige los interceptores principales.

La Ley de Aguas que ultiman el Gobierno vasco y el PSE está concebida para extremar el celo con los ayuntamientos, a la postre grandes consumidores, a quienes obligará a instalar contadores fijos para que sepan con certeza hasta qué punto llegan sus números y dónde pueden cerrar el grifo para evitar el despilfarro. De esta forma, las administraciones que exigen contención a los ciudadanos tendrán también que aplicarse el cuento.

Bilbao ya tiene algunos contadores en marcha -en fuentes, por ejemplo-, pero se ha decidido a ampliarlos a todas sus tomas «de aquí a cinco años», según anunció ayer la directora del servicio de Aguas, Noelia Izquierdo. «En bocas de riego, vehículos de limpieza, en edificios, saneamiento... Estamos hablando de miles», advirtió. Esto no quiere decir que una empresa privada pueda 'beber' de balde. Por ejemplo, cuando una pide permiso para enchufarse a la red y limpiar una fachada, la manguera lleva incorporado un medidor para saber cuánto gasta.



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