El presidente nacional del PP, Mariano Rajoy, pidió ayer en Bilbao «cerrar esa burla que llaman proceso de paz» porque, advirtió, la vía que abrió el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero al impulsar la resolución a favor de un final dialogado de la violencia no dará ningún fruto «salvo indignidad y, seguramente, más dolor». El líder popular aprovechó su visita a Euskadi -donde pronunció una extensa conferencia organizada por la Fundación para la Libertad- para componer un durísimo alegato contra la estrategia antiterrorista del Ejecutivo, por un lado, y contra un nacionalismo al que situó al borde de la democracia, por otro.
Aunque la Fundación había anunciado una intervención sobre 'la situación política en España', Rajoy se centró exclusivamente en el tema vasco, con una larga introducción destinada a desmontar los «mitos» del nacionalismo «rancio», que le llevó a asegurar que «el pueblo vasco nunca ha existido y tampoco existe hoy» sino que es un «ente de ficción» inventado por Sabino Arana.
Pero se empleó sobre todo en la crítica demoledora al camino emprendido en la lucha contra ETA por los socialistas, a quienes acusó de haber experimentado una «súbita conversión» a las ideas del PNV. Y fue más allá al reprocharles que pretendan sustituir la única vía «de eficacia probada» contra el terrorismo -la explorada por el PP, consistente en dejar a la banda «sin dinero, sin cómplices, sin alevines y sin esperanza»- por una «pesadilla» de nefastas consecuencias guiada por un Zapatero que «quiere algo que suene a paz y lo quiere como sea», para afianzarse en las urnas.
En presencia del que fuera secretario general del PSE -Nicolás Redondo Terreros, presidente de la Fundación y encargado de presentar a Rajoy a los centenares de personas que abarrotaban la sala de un hotel bilbaíno-, el líder de la oposición describió con sumo detalle y escasas concesiones a la ironía el «plan frívolo e inmoral» de Zapatero para acabar «no con ETA sino con la violencia». Incluso, y después de escuchar a Redondo reclamar la vuelta al Pacto por las Libertades, Rajoy, en un gesto inédito, advirtió antes de comenzar su conferencia -titulada 'Un País Vasco posible y deseable'- de que iba a ser «duro» y pidió disculpas por adelantado «por si ofendo a alguien».
Un sucedáneo
El máximo dirigente popular hizo su propio análisis de los pasos que, en su opinión, ha dado ya el presidente del Gobierno y de los que están por venir. A su juicio, el PSOE no busca la derrota de ETA sino una fórmula en la que la banda «no desaparece ni pide perdón pero concede una tregua que recuerda mucho a la paz». Pero este «sucedáneo», alertó, es inadmisible porque «no resuelve el problema». «Mientras no desaparezca ETA la democracia y la libertad no se instalarán en el País Vasco, seguirán escoltadas», clamó Rajoy, que insistió en que mientras la banda «exista», aunque no mate, no habrá paz ni igualdad en Euskadi, ante la atenta mirada de los máximos dirigentes del PP vasco y del secretario de Seguridad y Libertades del partido, Ignacio Astarloa.
Así, Rajoy acusó a Zapatero de asumir la propuesta de las dos mesas de negociación lanzada por Batasuna en Anoeta, además de «congelar» el Pacto Antiterrorista, «archivar» la Ley de Partidos, «retirar a los fiscales indóciles», dejar al Fiscal General del Estado «en reposo» y adoptar «el lenguaje de ETA como si fuera un parroquiano asiduo de las herriko tabernas».
Pero miró también al futuro y explicó a los asistentes la que es, según el PP, la 'hoja de ruta' de Zapatero. Pasaría, de acuerdo con sus cálculos, por conceder «indultos individuales a presos y exiliados» y, sobre todo, redactar en la mesa de partidos vascos un «Estatuto de emancipación» que, con terminología ambigua, deje la puerta abierta al reconocimiento del derecho de autodeterminación y a la anexión de Navarra. Así, ETA «cobraría sin rendirse» y, en el mejor de los casos, Euskadi se convertiría en «un vecino adosado al norte» de ambiente «irrespirable para los no nacionalistas. En el peor de los supuestos, dijo, la banda tendría una «excusa» para cometer nuevos crímenes y los instrumentos para combatirla se habrían convertido «en chatarra».
o.barriuso@diario-elcorreo.com