Las enfermedades neurológicas pueden tener curación, pero con cierta frecuencia presentan una evolución crónica y progresiva que no parece terminar nunca. Muchas de esas enfermedades se relacionan con un proceso degenerativo que afecta especialmente al cerebro o a las neuronas encargadas de transmitir las ordenes. Como consecuencia de esa evolución, se produce una afectación cada vez más importante de la calidad de vida de esas personas, por la pérdida de facultades físicas y mentales, que termina haciéndolas dependientes del cuidado de terceras personas.
Son muchas las enfermedades que producen un deterioro agudo o progresivo del sistema nervioso central y periférico. La pérdida de funciones cerebrales consideradas 'superiores' suele ser el problema inicial cuando la estructura del córtex cerebral es la zona más deteriorada, mientras que en otras personas es la consecuencia final de un proceso en el que otros núcleos o conexiones se van lesionando. Ese deterioro ocasiona una progresiva ralentización y pérdida de razonamiento, que comienza por los procesos más complicados e intelectuales y llega a la pérdida de otras funciones más relacionadas con el día a día, sobre todo respecto a la memoria, orientación y atención a las necesidades básicas
El reconocimiento del medio y de las personas más próximas es un hecho propio de los procesos degenerativos neurológicos, con frecuencia de evolución paralela a la pérdida de otras funciones cerebrales superiores. Es un problema que genera una gran inquietud en las personas que atienden a estos pacientes. El esfuerzo es aún mayor cuando la limitación afecta al desarrollo de las funciones motoras y vegetativas. La limitación de movimientos y reflejos puede comenzar por las habilidades más finas, y llega después a afectar a las consideradas más 'gruesas' o básicas, como la deambulación. La pérdida de la regulación del sistema vegetativo sobre órganos conlleva una serie de limitaciones que resultan bastante incómodas, como el control de esfínteres, aunque generan muchas molestias, así como un deterioro en la calidad de vida si resultan afectadas otras funciones tan importantes como la deglución o la respiración.
Vivir un martirio
La calidad de vida de estas personas queda seriamente afectada, ya que se pierde progresivamente la independencia conforme van apareciendo las limitaciones. La movilización activa y pasiva resulta afectada casi siempre, debido a mal funcionamiento de uno o varios grupos musculares por falta de fuerza o por una mala coordinación, siendo frecuente también la aparición de contracturas musculares incontroladas.
También se da otro tipo de problemas, como el control de esfínteres -tanto urinarios como digestivos-, aunque esa pérdida total se observa en casos avanzados o en afectaciones muy concretas neurológicas, es habitual que se manifiesten algunos trastornos a lo largo del desarrollo de enfermedades neurológicas. Esos trastornos,, junto al mal funcionamiento del sistema vegetativo, ocasionan la aparición de problemas de tránsito intestinal o de retención urinaria.
Consciente del problema
También las habilidades psíquicas se ven mermadas, bien de forma directa, bien por las limitaciones que aparecen progresivamente. Se suelen sufrir trastornos en el estado de ánimo, sobre todo cuando existe plena conciencia de las limitaciones que surgen. Esos cambios suelen manifestarse en una progresiva apatía e incluso estados depresivos.
Las funciones cerebrales superiores también resultan afectadas, a veces desde el principio, como se observa en los procesos degenerativos relacionados con demencias, o al final de otros cuadros neurológicos en los que la pérdida de funcionalidad afecta a todo el sistema nervioso. Estos cambios en el área de la memoria y el razonamiento se pueden observar inicialmente como trastornos esporádicos y poco importantes, o relacionados con habilidades muy elaboradas, pero llegan a manifestarse con un deterioro de la memoria lejana y cercana.