Si la encuesta económica que efectúa Eurocámaras es científicamente correcta -y no hay razones para dudarlo considerando quién la hace y cómo la realiza, encuestando a más de 90.000 empresas en toda Europa-, sus resultados son sorprendentes y difíciles de analizar. Según se desprende de sus resultados, parece que nuestros empresarios se han sumido en un agudo proceso de esquizofrenia colectiva. Cuando se les pregunta datos concretos referidos a la evolución previsible de su propia empresa, las respuestas son de un optimismo rayano en el entusiasmo. Van a vender más, a exportar más, a contratar a más empleados y a invertir al menos tanto como ahora. Pintan un panorama tan bueno que es el segundo mejor de todas las regiones analizadas, tan sólo superado por los del frío Helsinki. Sin embargo, cuando la pregunta ya no se refiere a su situación particular, sino que afecta al ambiente general que otean a su alrededor, su contestación es tan mala, tan pesimista, que sólo mejora a la obtenida en Baviera.
¿Cuál puede ser la razón que explique un comportamiento tan singular como el descrito en la encuesta? ¿Por qué nos vemos tan bien, cuando nos miramos en el espejo individual, mientras salimos tan horribles en la foto colectiva? Si les soy sincero, no tengo ni la más remota idea y agradecería que la Cámara de Comercio de Bilbao ahondase un poco más en el análisis del comportamiento de las empresas que hoy comentamos. Entre otras razones, para comprobar si su presidente tiene razón cuando atribuye a la persistencia de la violencia terrorista una buena parte de la responsabilidad de la discrepancia.
En cualquier caso, me quedo con lo bueno. Si se cumplen la mitad de las expectativas de los empresarios vascos, tenemos asegurado un 2006 espléndido. Tantos que conocen tan bien su negocio no pueden estar tan equivocados. Así que ustedes lo disfruten