Euskadi es la excepción europea donde llevamos tiempo viviendo una situación anormal porque hay sectores de la población que no reconocen la legitimidad democrática de las instituciones vascas y españolas, y cuya expresión más violenta es el terrorismo. Llevamos 30 años arrastrando este grave problema, y hay que seguir haciendo esfuerzos para que toda la ciudadanía acepte la normalidad de las instituciones democráticas, sin cuyo reconocimiento la convivencia se hace imposible.
A pesar de la impresión que puede transmitir el enfrentamiento político, ETA ya ha sido derrotada. Por ello queremos reafirmar los principios por los que nos constituimos y salimos a la plaza pública de Euskadi y, al tiempo, aportar algún criterio al momento confuso que padecemos
Nos parece grave la actitud del Partido Popular, que, en la práctica, está utilizando la crítica de la lucha antiterrorista como arma partidaria para desalojar del poder al partido en el Gobierno, deslegitimando, a la vez, las instituciones democráticas. Ese tipo de acusaciones no debilitan al Ejecutivo, sino que debilitan al Estado democrático y fortalecen indirectamente a ETA.
Es preocupante la poca capacidad o interés que exhibe el Gobierno central para explicar su propia política antiterrorista, de forma que permita su asunción por la oposición y sectores más amplios de la sociedad civil.
La razón fundamental para explicar la debilidad actual de ETA, y por ello de vislumbrar su fin, ha sido la oposición firme de la ciudadanía al terrorismo y la actuación decidida del Estado de Derecho, a pesar de los esfuerzos de deslegitimación realizados desde el nacionalismo gobernante.
Es deseable y necesario ampliar el consenso social en torno a las instituciones democráticas vascas. Por ello, aunque el Estado de Derecho deba necesariamente seguir defendiéndose de los ataques de los sectores que no reconocen su legitimidad, y especialmente del terrorismo, el Gobierno central debe también intentar los pasos convenientes, siempre desde la legitimidad de las instituciones democráticas, para que el fin de ETA tenga lugar lo más pronto posible.
La desaparición definitiva y derrota de ETA debe culminarse por el Gobierno central con el apoyo de la oposición y experimentarse por el conjunto de la ciudadanía como victoria del Estado de las libertades junto con el reconocimiento de la legalidad democrática e institucional actual.
El fin de ETA debe suponer la derrota de su planteamiento político totalitario. En ningún caso la derrota de ETA debe suponer un debilitamiento de los principios democráticos y de sus instituciones.
El nacionalismo institucional debe renunciar claramente a conseguir ventajas políticas a cambio del fin de ETA.
Consideramos a las víctimas del terrorismo como el elemento que mejor simboliza la defensa de los valores democráticos, puesto que muestra en toda su crudeza el carácter totalitario de las pretensiones del proyecto político defendido por el terrorismo de ETA.
Aldaketa-Cambio por Euskadi entiende que el reconocimiento de su sacrificio y la normal convivencia será tanto más fácil cuanto mayor convencimiento, certeza y seguridad puedan tener las víctimas de que la desaparición de ETA significa la derrota de su proyecto político, del proyecto político que fue el causante de los asesinatos que los instituyeron en víctimas.
La única garantía de libertad para la ciudadanía vasca es la legalidad constitucional y estatutaria que dan cobertura a las instituciones democráticas que hoy disfrutamos.
Tenemos la convicción de que la pluralidad social vasca es estructural e irreductible, haciendo por ello indeseable otra construcción política de Euskadi que no pase por el pacto y la democracia pluralista. Pensamos, también, que esta pluralidad de la sociedad vasca no es, en ningún caso, un problema sino un gran valor positivo.
Cualquier intento de imponer al conjunto de la ciudadanía una determinada identidad nacional viola los derechos individuales de los vascos y de las vascas.
Planteamos crear una sociedad vasca erigida sobre el pacto ciudadano en el que se respetan las diferentes identidades de los ciudadanos y ciudadanas. Lo único en lo que debemos ser iguales es en la libertad de poder ser diferentes.