Suerte dispar para los pescadores vizcaínos en el inicio de la costera de primavera. Las embarcaciones dedicadas a la captura de verdel con anzuelo han conseguido descargar cantidades importantes de esta especie en los primeros diez días de la temporada. Por contra, la flota de bajura que emplea la modalidad del cerco para apresar principalmente anchoa, pero también verdel, ha permanecido amarrada a puerto, sin salir a faenar un solo día, por las malas condiciones meteorológicas.
En las últimas dos semanas, la cofradía de Ondarroa ha registrado la entrada de 77.500 kilos de verdel, mientras que en Bermeo, en tan sólo una jornada -la del pasado miércoles- se llegaron a descargar cerca de 300.000 kilos. Los muelles de Lekeitio, por su parte, han recibido 47.000 kilos de esta especie, poco apreciada por el consumidor hasta hace unos años.
El precio medio de venta de estos lotes en lonja ha oscilado entre los 0,60 y 0,68 euros el kilo, según el tamaño de las unidades. La escasa cotización ha provocado malestar entre los arrantzales, que confían en superar la tendencia a la baja antes de la inminente incorporación a esta pesquería de las embarcaciones de cerco, lo que multiplicará las capturas y, por lo tanto, la oferta.
Anchoas a nueve euros
Respecto a la anchoa, sólo los pescadores franceses han conseguido faenar, aunque con discretos resultados por ahora. En concreto, en el puerto de La Turballe se contabilizó esta semana la descarga de 1.800 kilos de bocarte, que se vendieron a un precio medio de nueve euros el kilo.
Después de nueve meses de veda y aunque no pierden la esperanza, los patrones vizcaínos se muestran «escépticos» con el inicio de la recuperación de la especie, tras los resultados de las últimas prospecciones realizadas por científicos y biólogos. En este sentido, se muestran favorables a una prórroga del paro biológico. «Nuestro temor es la aparición de anchoa pequeña. Pero antes de realizar cualquier valoración es necesario localizar los bancos de pesca, hacer un muestreo y verlo con nuestros propios ojos. Hay que dejar crecer a la biomasa», señaló un marinero de Lekeitio.
La campaña de este año viene condicionada por la grave crisis de capturas de la última costera. «Si en 1965 se pescaban 80.000 toneladas en el norte, en los años 90 pasamos a una media de 30.000. Desde 2002 a 2004 se registraron 10.000; y cuando el pasado mes de mayo el sector decidió dar por cerrada la temporada, no se había captura ni 200», detallaron ayer representantes de las cofradías.
Por otro lado, los arrantzales pescarán con un ojo puesto en sus redes y con el otro en las de sus vecinos franceses, partidarios de no dar tregua ni paros biológicos al bocarte. Con la modificación del calendario, será la primera vez desde la firma del acuerdo de Arcachón en la que los barcos galos cesarán su actividad el 1 de abril para reincorporarse al mar dos meses después. Antes, se mantenían al margen hasta primeros de junio.