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Sábado, 11 de marzo de 2006
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DEPORTES
MOTOR
Como un avión cuando despega
El rugido de los motores supera los 130 decibelios, una medida que se sitúa por encima del umbral del dolor
Como un avión cuando despega
CAUTO. Fernando Alonso no forzó al máximo en los entrenamientos libres. / AP
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La localización de un circuito de velocidad no se distingue por la habilidad de los empleados del fomento local para colocar señales de tráfico. No hay pérdida posible para llegar a una pista de velocidad. Hasta ella conduce el ruido. Una encuesta entre neófitos en Fórmula 1, o todo lo más, visitantes ocasionales, depararía similares conclusiones respecto al primer impacto. Siempre llama la atención el ruido. Una estampida de decibelios recibe al pasajero desde veinte o treinta kilómetros antes. A esa distancia ya se escucha el rugido de los motores. Un incesante rumor que crece y crece en la proximidad.

Sakhir es un circuito abierto, que esparce decibelios a toda pastilla, pero no abruma como los trazados cerrados en valles. En Bahrein el ruido se va derecho a las dunas de arena. Los estudios realizados en Fórmula 1 inciden en la dosimetría (medida del nivel de ruido) dentro y fuera de los monoplazas. Un piloto completamente equipado percibe 120 decibelios dentro de su coche. Un espectador instalado en la tribuna aumenta esa percepción, 130 decibelios. Si a eso se une la vibración del viento que aumenta la intensidad, un aficionado se encuentra en zona de cierto riesgo si no lleva protección.

Y por ahí cuenta el tiempo. «Una exposición de ocho horas a una intensidad de 90 decibelios puede ser lesivo. El tímpano no se va a romper, pero sí se podría ver afectado el oído interno. Se trataría de un traumatismo crónico que lesionaría el nervio», explica la doctora Inmaculada Sancho, otorrinolaringóloga del Hospital Gómez Ulla de Madrid.

Cascos gigantescos

Una explosión sí puede partir el tímpano de una persona, por la virulencia del sonido. Pero no una carrera de Fórmula 1, por una cuestión temporal. «Dos horas de carrera suponen una exposición muy corta en tiempo para un aficionado y además hay que tener en cuenta que los coches no inciden directamente en su organismo. Pasan por un lado, vuelven, giran. No están siempre en el mismo sitio», razona la médico.

Sakhir, como Jerez, Montmeló o Monza, cuenta con una caravana de empleados ocasionales que protegen sus tímpanos con tapones de usar y tirar. Y en el paisaje natural se descubre a los integrantes de todos los equipos ataviados con unos gigantescos cascos que sirven al tiempo como intercomunicadores y como escudos protectores.

La Fórmula 1 se encuentra en las antípodas del umbral del silencio. Una medición efectuada por la sección de placa de yeso de la asociación Atedy describe la escala de ruidos. El silencio, de 20 a 30 decibelios. Una lavadora que centrifuga, 70. Un tren entrando en una estación sube a 90. Y un avión en pista de despegue llega a 130.



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