La investigación del presunto brote de legionela en el hotel balneario de Orduña continuó ayer con la visita de los técnicos al manantial de La Muera, de donde toma el establecimiento su agua para uso termal. El Aduana, que inició su actividad en octubre del año pasado, está cerrado cautelarmente desde el martes, al haberse detectado cuatro casos de infección por la bacteria en personas que visitaron recientemente el alojamiento. Según el Departamento de Sanidad, los enfermos evolucionan favorablemente de su mal, que es en todos ellos una neumonía por legionela. Dos de los afectados ya han recibido el alta hospitalaria.
«No es inhabitual que estas cosas ocurran -valoró el consejero de Sanidad, Gabriel Inclán-. En principio, parece que el lugar del brote es el balneario, porque todas las personas afectadas tienen en común el antecedente de haber estado en el hotel». Los técnicos de Sanidad han recogido agua de «todas las áreas de riesgo» del establecimiento y se desplazaron ayer, acompañados por personal del hotel, hasta el manantial de La Muera, donde revisaron la acometida y tomaron nuevas muestras. Desde allí parten unos dos kilómetros de tuberías que conducen el agua hasta el Aduana, situado en un edificio del siglo XVIII en el centro de la localidad vizcaína.
En el hotel, después del 'tratamiento de choque térmico' y la hipercloración que se llevaron a cabo anteayer, se realizó una «limpieza en profundidad de las piscinas», según detalló la directora, Yolanda Urrejola. Además, el responsable técnico del establecimiento elabora un informe de evaluación de los distintos factores implicados en una crisis de este tipo.
Las bacterias del género 'Legionella' habitan en el agua, con más facilidad para multiplicarse cuanto mayor es la temperatura, aunque mueren a partir de los 60 grados. La infección del cuerpo humano se produce al respirar pequeñas gotas que contengan el microorganismo, sin que sea posible el contagio entre personas. Las estaciones de 'spa', con agua caliente y maquinaria que inyecta aire, son por lo tanto un entorno propicio para la proliferación del germen y su acceso al organismo humano, lo que las sitúa entre las instalaciones de riesgo. Según la ley, sus titulares se hacen responsables de cumplir los estrictos programas de control de la bacteria, para lo que han de disponer de personal que haya seguido un curso homologado.
Plan de autocontrol
Cada establecimiento cuenta con su propio plan de autocontrol, que establece una serie de mediciones periódicas de variables como la temperatura, el nivel de cloro, la velocidad del agua o la materia en suspensión. Fuentes del Aduana aseguraron ayer que «esta vigilancia se ha cumplido de manera rigurosa, sin que se haya detectado en ningún momento nada raro ni anormal». El autocontrol se complementa con inspecciones del Departamento de Sanidad cada tres o cuatro meses. La última, a principios de año, tampoco apreció ningún motivo de alarma: «Todo estaba correcto», explicaron ayer en el Gobierno vasco.
El departamento se ocupa ahora de analizar las muestras tomadas en el balneario, cuyos resultados no se conocerán hasta dentro de dos semanas. No obstante, estas pruebas podrían no resultar concluyentes: según los expertos, es factible que la bacteria proliferase en algún momento de febrero y recuperase después sus niveles normales. El hotel ya ha anunciado su intención de realizar un nuevo tratamiento de toda su red sean cuales sean los resultados.
El País Vasco registró el año pasado 113 casos de legionelosis, una cifra similar a la de ejercicios anteriores.