La falta de acuerdo sobre el programa nuclear iraní, escenificada sobriamente en la sede de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, abre un escenario de crisis que podría dejar el de Irak convertido en algo manejable. La decisión de no aceptar la propuesta iraní (suspensión por dos años -negociables a más tal vez- del enriquecimiento industrial del uranio en su suelo contra la preservación de un modesto programa local de investigación y desarrollo bajo control de la ONU) debería provocar un inquietante endurecimiento del régimen y confirmar que, en el fondo, la crisis es sólo una de las caras del poliedro. Irán es parte de un todo.
Washington ya no oculta que su política con la antigua Persia es la del cambio de régimen. Tres personalidades norteamericanas del peso del vicepresidente, Dick Cheney; el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; y el embajador en la ONU, John Bolton; han amenazado al país con serias consecuencias ( ) descrito su conducta frente a Irak como un gran error ( ) y recordado que Estados Unidos tiene sobre la mesa todas las opciones sobre cómo tratar este asunto.
La agencia atómica no tuvo que votar el envío al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del dosier iraní porque eso ya se había decidido el 4 de febrero. Ahora se espera una resolución que dé algún tiempo adicional y, a medio plazo, la temida norcoreanización del proceso: Irán podría abandonar el Tratado de No Proliferación, e intentaría montar miles de centrifugadoras para enriquecer uranio a escala industrial y pasar el umbral que le permita acceder al estatus de país nuclear.
¿Lo permitirá Estados Unidos? El pronóstico más extendido es que no, pero el eventual recurso a medios militares para impedirlo que patrocinan abiertamente personalidades influyentes como Richard Perle, un superhalcón tan cercano al Pentágono, abrirá un proceso de general desestabilización en todo Oriente Próximo y Asia Central y tendrá repercusiones extraordinarias sobre Irak, sobre el conflicto israelí-palestino y, sobre todo, sobre el combate contra el auge del islamismo revolucionario.
Con su sobriedad habitual lo dijo el pasado lunes Mohamed al-Baradei, máximo responsable de la Agencia Internacional de Energía Atómica: todo esto tiene que ver con la seguridad regional, es mucho lo que se juega Oriente Próximo como un todo ( ) todo el mundo entiende que la escalada no ayuda esta situación. En efecto, Irán es inseparable de Oriente Próximo como un todo.