La Comisión Europea irrumpió ayer en el convulso ambiente que vive el sector energético por los proyectos de fusiones empresariales. Lo hizo planteando a los estados miembros su apuesta a favor de la apertura total de los mercados a través de una política energética común.
Las ideas comunitarias aparecen contempladas en un 'libro verde' -un conjunto de sugerencias para debate-, en el que figuran contempladas iniciativas de largo alcance que conciernen a todos los aspectos del negocio: generación, distribución y comercialización, intercambios transfronterizos incluidos, junto con aspectos relacionados con la gestión,.
El documento fue presentado ayer por el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, quien afirmó que los desafíos en materia de energía del siglo XXI «requieren una respuesta común de la UE». En línea con la tesis que mantenida durante las últimas semanas, el responsable comunitario reiteró su rechazo a «cualquier tipo de nacionalismos económico, sobre todo en el sector de la energía». En ese sentido, pidió que los 25 socios no protejan sus mercados de otros países miembros.
El 'libro verde' plantea la idea de un regulador a escala europea, que actuaría en fusiones transfronterizas, y la creación de un Observatorio Europeo que se ocuparía de aportar transparencia al suministro y la demanda de energía en la Unión. Propone, asimismo, la elaboración de un informe periódico sobre el estado de la cuestión en los diferentes estados miembros y en el conjunto de la UE.
Garantizar la energía
Tres son las ideas centrales sobre las que reposa el documento y todas ellas están relacionadas con su título: 'Una estrategia europea para una energía sostenible, competitiva y segura'. Se trata de garantizar el aprovisionamiento energético, respetar las exigencias medioambientales y mejorar la competitividad de las empresas europeas.
El 'libro verde' sugiere la solidaridad energética entre los integrantes de la UE. Para lograrlo, apuesta por la promoción de la transparencia en las actuaciones nacionales y la revisión de la legislación comunitaria sobre reservas de petróleo y gas. Finalmente, Bruselas aborda la necesidad de que la Europa comunitaria, en su conjunto, tenga garantizado el suministro energético.
Como ese objetivo no es posible sin intervenir directamente en los modos de aprovisionamiento de energía -lo cual toca directamente uno de los aspectos nacionales más sensibles-, la Comisión se limita a proponer una «revisión estratégica» del sector en la UE, que cubriría todos sus aspectos y que buscaría desentrañar las ventajas y los inconvenientes de cada opción. Dicho análisis, a plazo, podría conducir a la fijación de «objetivos comunitarios para la combinación energética global de la Unión Europea».