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Lunes, 6 de marzo de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/Evidencias
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La dificultad principal que tiene el presidente del Gobierno para extender su mensaje de que está cercano el final del terrorismo es que no aparece avalado por los hechos. Está su palabra contra la realidad. Algunos dicen que hay que tener fe en el presidente, al que por su cargo se le supone con un plus de información que el común de los mortales no tenemos. Fe en el sentido católico del término, la creencia en aquello que no vemos pero que una autoridad superior nos ha revelado.

Si fuera eso, que no vemos nada pero el presidente nos invita a creer, sería fácil darle un voto de confianza. El problema es que sí vemos cosas y lo que vemos contradice el mensaje de optimismo y esperanza. Ya no es cuestión de creer a ciegas, sino de creer contra las evidencias materiales, y eso es mucho más difícil.

Las evidencias son los atentados de ETA, el aumento de la violencia callejera, los comunicados de la banda terrorista, la extorsión, los robos de explosivo, las declaraciones de los dirigentes de Batasuna. Vemos la coherencia que hay entre lo que ETA dice, que la autodeterminación y la unidad territorial siguen siendo exigencias irrenunciables para dejar las armas, y lo que hace, colocar bombas para conseguirlo.

Frente a esta realidad transparente, escuchamos interpretaciones bienintencionadas: «Antes de todas las treguas lo que ha puesto ETA encima de la mesa son muertos. Y ahora está poniendo mochilas bomba», decía ayer Patxi López. ¿Y qué hace ETA cuando no prepara treguas, que ha sido la mayor parte de su historia? Pone bombas también. ¿Cómo diferenciar entonces las bombas de toda la vida de las de preparar treguas?

Sobre los propósitos de ETA se ha construido una realidad oficial de ficción que no tolera que nadie la contradiga sin ser señalado con el dedo o ser incluido en la lista de saboteadores. El consejero de Interior, Javier Balza, fue víctima de ese señalamiento la semana pasada por haber sostenido que la banda tiene varios comandos actuando y que, con el paso de los meses, ha reforzado su organización. No ha revelado ningún secreto, sino que ha hecho públicas -en realidad lo hacía por segunda vez, ya que el 22 de febrero también lo dijo en Antena 3 sin que nadie se agitara entonces- unas conclusiones bastante obvias: hay un aumento del número de bombas, luego debe haber un mayor número de terroristas. Por decir lo evidente han considerado a Balza y a su partido sospechosos de intentar poner palos en las ruedas de la bicicleta del «proceso».

Para compartir el optimismo reinante hay que hacer caso omiso a lo que hace y dice ETA y tener en cuenta solamente las interpretaciones oficiales sobre los planes de la banda, aunque no coincidan con la evidencia. No se toleran escépticos.



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