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Domingo, 5 de marzo de 2006
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POLÍTICA
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El PP intenta amortiguar el vendaval desatado por Aznar
Fraga preside la ejecutiva del «nuevo proyecto político para una generación» de Rajoy
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La cúpula del PP intentó ayer amortiguar los efectos del discurso que pronunció José María Aznar en la jornada de apertura, que amenazó con eclipsar la convención nacional de la formación que preside Mariano Rajoy. El líder de los populares tuvo que soportar también que el fundador del partido, Manuel Fraga, presidiera la reunión del comité ejecutivo, una cita destinada a lanzar un «nuevo proyecto político para una generación», según avanzó el propio Rajoy.

En el congreso de 2004, Rajoy cometió el error de hacer coincidir su discurso de clausura con el de su predecesor. El impacto de la intervención del ex presidente casi borra del mapa político y mediático el mensaje del nuevo jefe de filas conservador. Para conjurar este peligro, los organizadores de la convención invitaron a Aznar a hablar en la primera jornada. Ahora no saben si fue peor el remedio que la enfermedad, dado el vendaval desatado por sus palabras.

En el día después de que el ex presidente polemizara con el Gobierno sobre los contactos con ETA y mientras el resto de partidos replicaba sus afirmaciones, el plenario de la convención guardaba silencio. Ninguno de los oradores alimentó la polémica. Incluso Acebes fue especialmente sobrio a la hora de hablar del terrorismo y reservó sus palabras más apasionadas para defender a las víctimas.

Sólo Jaime Mayor sucumbió a la tentación de salir en defensa de su entonces jefe y recordó su condición de titular de Interior para ratificar que el Gabinete de Aznar nunca negoció con ETA. Aseguró que, en enero de 1998, la banda envió como emisario al entonces obispo de Zamora, Juan María Uriarte, para actuar como mediador entre el ministro y los etarras, pero él rechazó tal fórmula y ETA se encontró con una negativa del Ejecutivo del PP. «Aznar dijo la verdad», zanjó.

Desahogo personal

En conversaciones de pasillos, todos los dirigentes se mostraban comprensivos con el ex presidente, aunque admitían que la dureza de su intervención encajaba mal con ese giro moderado y novedoso que pretende dar la convención al discurso del PP para abrir la agenda del debate político. «Es lógico»; «tenía que hacerlo después de las mentiras que están diciendo los socialistas»; «fue un desahogo personal muy comprensible». Con estas palabras analizaban sus compañeros las invectivas de Aznar, al que disculpaban que volviera a poner en peligro el protagonismo de Rajoy.

Las expectativas de los dirigentes populares están puestas ahora en la jornada de hoy, en la que necesariamente deberá brillar con luz propia el mensaje de Rajoy, puesto que sólo compartirá espacio con los invitados extranjeros. «Tiene que ser un revulsivo y demostrar su liderazgo con un discurso propio», señaló uno de los jóvenes cuadros populares.



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