El Correo Digital
Domingo, 5 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
POLÍTICA
POLÍTICA
Palabras convencionales
El Partido Popular vive en la esquizofrenia entre las proclamas centristas de sus solemnes actos congresuales y las prácticas derechistas de su política diaria
Palabras convencionales
'NI UNA MÁS'. Rajoy, contra la violencia de género. / EFE
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

En febrero de 2002, hace ahora poco más de cuatro años, el Partido Popular celebró un congreso en el estado de euforia que le había inyectado su espectacular victoria en las elecciones de marzo de 2000. Una de las ponencias aprobadas llevaba por título 'El patriotismo constitucional del siglo XXI'. Había sido redactada -ironías de la política- por Josep Piqué. Su contenido, en el que se recogían ideas del mismo republicanismo cívico que hoy inspira a Rodríguez Zapatero, ponía tierra de por medio respecto del patriotismo que, en la tradición española, había sido de antiguo signo definitorio de la derecha. Nada de etnicismos ni historicismos ni culturalismos. El patriotismo se definía simple y llanamente por la adhesión a los principios y valores que se contienen en la Constitución democrática de un país.

La ponencia fue muy bien acogida en su día. Parecía representar la culminación del tránsito al 'centro reformista' que el líder del Partido Popular venía prometiendo desde hacía tiempo. Los dos años que luego transcurrieron hasta el final de la legislatura y que desembocarían en la derrota electoral de marzo de 2004 se encargarían de desmentir los propósitos alumbrados en el congreso. La dura realidad de la política diaria se impuso a las bellas palabras y anegó, en su proceloso discurrir, las buenas intenciones de sus autores. Eran los tiempos de la confrontación total con el nacionalismo vasco, y, en la refriega, el patriotismo constitucional quedó sustituido, en las filas del Partido Popular, por el patrioterismo más rancio que nos había dado a conocer la derecha española. Al esencialismo vasco se le combatió con esencialismo español.

El recuerdo de este pasado no tan lejano viene evocado por la convención que este fin de semana está celebrando el Partido Popular. Las intenciones son, también en esta ocasión, las de recolocar el partido en ese 'centro reformista' del que los propios dirigentes sienten haberse alejado y afrontar lo que queda de legislatura, con las elecciones municipales interpuestas del próximo año, desde una actitud de moderación que recupere al electorado perdido a lo largo de estos dos últimos años de desmedida oposición. Oiremos, por tanto, en la convención bellos discursos y generosas ofertas de pactos. Todo lo que la gran mayoría social desea escuchar y todo lo que sirva para desplazar hacia el radicalismo a los adversarios políticos. Frente a las estridencias de sus adláteres y de su predecesor, Rajoy dará esta vez lo mejor de sí mismo: humor, campechanería y buen rollo.

No será, además, la primera vez que esto ocurra. Si uno echa mano de la hemeroteca, podrá constatar cómo, en los momentos de mayor paroxismo de la crispación ambiental, el presidente del Partido Popular ha sabido mantener el buen tono del discurso. Sabe moderarse cuando de él se espera exacerbación. Así lo hizo, por ejemplo, cuando el debate sobre la toma en consideración del plan Ibarretxe hacía temer una intervención desabrida por su parte o cuando, en la concentración popular de la Puerta del Sol contra el nuevo Estatuto catalán, se soltó con un discurso sobre la libertad, la igualdad y la solidaridad de la mejor tradición republicana. Las palabras que Rajoy pronuncia en estas ocasiones especiales suelen ser, en este sentido, la expresión más evidente de la esquizofrenia que sufre su partido entre las proclamas centristas de sus solemnes asambleas y las prácticas derechistas de su política diaria.

Terminada la convención de este fin de semana, quedará por ver si el Partido Popular es capaz -o tiene intención siquiera- de traducir las palabras a los hechos. El escepticismo está plenamente justificado. No sólo es que la experiencia del pasado nos haya servido siempre de escarmiento en el caso de este partido, sino que la inercia opositora en la que los populares se encuentran inmersos en el presente difícilmente podrá ser contrarrestada con media docena de resoluciones y ponencias congresuales. La vorágine de radicalismo y de catastrofismo, que ellos mismos han contribuido en gran medida a acelerar, acabará engullendo los mejores propósitos, si los hubiere, de moderación.

El Partido Popular comenzó muy mal la legislatura. No creyó que su derrota electoral se produjo en buena lid. Pensó, más bien, que el poder le había sido arrebatado. Para colmo, quienes con mayor obcecación se adhirieron a esta doctrina continúan hoy marcando las pautas del proceder cotidiano del partido. El cambio de actitudes parece, por tanto, improbable. Todo hace pensar que, puesto que los inicios marcan, esta legislatura será para el Partido Popular un tiempo de transición. Habrá que esperar a la siguiente, mediadas unas nuevas elecciones, para que la moderación se imponga. Las que el líder de los populares pronuncie en la convención de este fin de semana sólo serán, en consecuencia, palabras convencionales para la ocasión.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]