Lleva sobre los escenarios dos tercios de su vida y aún le quedan ganas de seguir. Edita un disco casi cada año, y el periodo más largo que estuvo sin sacar nada fueron 36 meses. Después, su trabajo 'A period of transition' ('Tiempo de transición') daba cuenta de por qué. Es Van Morrison, un 'tío viejo', que tiene edad para ser abuelo, pero que se niega a jubilarse.
«¿Está Mark Knoffler acabado? No. Pues entonces...», explica el erandiotarra Fidel Castro. Él es uno de los cuatro lectores que enlaCe ha reunido para escuchar en primicia el nuevo trabajo del león de Belfast, 'El diablo paga' ('Pay the devil'). Un disco que incluye catorce cortes - de los que sólo tres son canciones originales-, y que sale a la venta mañana. ¿El resto? Versiones de clásicos del country lejos de sus coqueteos con el jazz.
«Es una continuación de su disco anterior, 'Magic Time'. Un guiño más comercial ¿no?», explica Iñigo Grijalba. Cuando este bilbaíno vino al mundo, Van Morrison llevaba un año de concierto en concierto con su banda Them. «A mí, 'Magic Time' no me gustó. Así que éste me ha desilusionado... Se deja llevar. No innova», apunta Castro, que conoció a esta vieja gloria de la música «por la radio cuando era un chaval. Me apunté el nombre y, luego, busqué sus discos». Ahora, en su discoteca hay «veintitantos» de los 41 oficiales, según la web del artista.
Apuesta sobre seguro
El vitoriano Ismael Aramesti le da la razón. «Hombre, el disco está bien, es correcto. Aunque no arriesga. Ahora mismo hay sonidos country muy interesantes a los que ni se acerca», se lamenta este músico que descubrió a Morrison «como todos: si te interesa la buena música, acabas llegando a él». El último de este cuarteto de implacables críticos es más cauto. «A mí me gusta porque me atrae este estilo. Pero reconozco que resulta algo monótono», dice Floren Isla, propietario de una pescadería de Santurtzi.
Aún así, ninguno pone en duda la elegancia del irlandés. «Es que Van Morrison es como los buenos vinos», coinciden los cuatro. «Su voz suena impecable, quizá hasta demasiado pulida», subraya Isla manoseando la carátula. Y de ello sabe un poquito: «Mi hermano Álex fue cantante del grupo Face y yo trabajé de disc-jockey y de técnico de sonido con varios grupos durante bastantes años, cuando era joven», concluye.
Halagos merecidos los que se lleva el «divo, a pesar de que no tienen una gran voz», confirma Grijalba. Lo que el león de Belfast tiene es una garganta versátil «como pocas». «'Too long in exile' es un ejemplo. Suena totalmente gutural», prosigue este funcionario, que sueña con poder asistir a alguno de los conciertos de esta leyenda, habida cuenta de lo que le ha contado su amigo Rober. De hecho, fue por él que conoció a Morrison.
La canción de este disco que más recuerda a ese trabajo de 1993 -el preferido de Isla y de Grijalba- es la número 14: una versión del 'Till I gain control again' que inmortalizó Emmylou Harris, otra diva, aunque, esta vez, de los ritmos camperos. «Yo no le encuentro nada especial, a excepción, claro de los dibujos que hace Morrison con su voz», sostiene Aramesti. «Da la sensación de que es más emocionante que el resto de temas».
«Siempre tiene que haber una bonita, ¿no?», apunta Fidel Castro que, «por supuesto», no vendería su alma al diablo por este cedé. De hacerlo, tal vez lo haría por alguno de los ochenta. Por ejemplo «el 'Poetic Champions Compose', de 1987», replica. Ése es el verdadero «genio» que le gusta a este devorador de música.
«¿Para carcas?»
A Isla también le gusta ese corte 14. «Satura menos. Deja un poco de lado ese sonido tan americano», asegura mientras se deleita el oído. A Grijalba se le van hasta los pies. Él si que ha caído en el embrujo de Morrison. «En cuanto me lleve este disco a casa, hago una copia para el coche», sonríe. Y es que los cuatro se han llevado una edición de coleccionista de 'Pay the devil' como pago a su trabajo. El bilbaíno, además, lo compartirá con Amador, su compañero de trabajo. «Uff, ya verás qué cara...».
Isla, en cambio, lo escuchará con su hijo, Aitzol, de 15 años. «¿Que si Van Morrison es para carcas? Yo lo soy ¿no? Ja, ja, ja», bromea Castro. «La música, la buena música, es para todo el mundo», apoya Aramesti. Y aunque éste no sea el mejor disco del irlandés para ninguno de estos cuatro severos críticos, todos tienen una cosa clara: «Es un genio y puede permitirse lo que le dé la gana». Que es lo que ha hecho... siempre.