La religión tiene como origen y fin solventar las angustias existenciales del ser humano, ayudarle y darle fuerzas en aquellos momentos en que la flaqueza humana requiere de un ánimo o espíritu del cual a veces nos sentimos faltos. Éste es el mensaje de cualquier religión, es un mensaje de amor y de paz interior, reconcilia las almas de muchas personas en el lecho de muerte, por ello son merecedoras de veneración y respeto por creyentes y agnósticos. Y esto sin pretender hacer ningún tipo de llamamiento teológico.
Califico como horripilantes las escenas de odio interreligioso que se dan en el pueblo iraquí; parece como si los fieles suníes y chiíes hubiesen sucumbido a las catacumbas del oscurantismo, entrelazando su malentendida concepción de fe con un sectarismo violento. La continua gangrena que sufre la sociedad iraquí está desgarrando a sus diferentes comunidades: suníes, chiíes, kurdos, caldeos, etcétera.
La religión musulmana se caracteriza por el honor, el respeto, la tradición, y entre sus muchos llamamientos es de destacar el respeto por la 'Gente del Libro' (judíos, cristianos y musulmanes). ¿Por qué entonces se dan estos sucesos violentos? Son más propios de una guerra civil que de la actuación de grupos integristas y fanáticos, los cuales flaco favor hacen a sus comunidades. Sin olvidar que están matando a sus propios hermanos, no hacen sino insuflar los ánimos para que la respectiva comunidad agredida responda al golpe. Gandhi dijo: «Ojo por ojo, el mundo se queda ciego». Nunca unas palabras han sido tan actuales, y más en un momento de incipiente guerra civil que no hará sino destrozar los sueños de un Irak libre y democrático, el cual añoran la mayoría de los iraquíes.