El artefacto que ETA hizo explotar en la noche del martes en Mutriku, apenas veintidós horas después del atentado contra los Juzgados de Mungia, provocó daños «bastante cuantiosos» en el edificio que ocupa el Instituto Social de la Marina, en pleno centro de la localidad guipuzcoana. La bomba, según informó el Departamento de Interior, era de características muy similares a las de las empleadas en las últimas acciones de la banda, con 5 kilos de amonal.
La «potente» deflagración afectó, sobre todo, a la planta baja del inmueble donde se localizaron «importantes» destrozos, según subrayó ayer el alcalde del municipio, Estanislao Osinalde (PNV). El informe de la Ertzaintza describe, además, cómo los efectos de la explosión se cebaron en la entrada principal, en dos tabiques del interior y en el falso techo.
La onda expansiva también se dejó sentir en los pisos superiores, a consecuencia de un «efecto chimenea» originado por el hueco del ascensor, y en las viviendas colindantes, con numerosas roturas de cristales y puertas. Los responsables municipales eludieron cifrar la cuantía exacta de los daños hasta contar con las valoraciones completas de los peritos.
La explosión se registró a las nueve de la noche, después de que un comunicante anónimo anunciara hacia las 20.25 horas a la DYA y a 'Gara' la colocación de la bomba. El aviso permitió a la Ertzaintza desalojar a medio centenar de vecinos que habitan en los edificios colindantes, algunos de los cuales no pudieron regresar a sus domicilios hasta entrada la madrugada.
Club de remo y jubilados
El Instituto Social de la Marina, encargado de entre otros trámites de la gestión de pensiones a pescadores, ocupa, en palabras de Osinalde, uno de los edificios «emblemáticos» y de mayor «singularidad» de la localidad, conocido como Lonja Zaharra. La propiedad del inmueble está compartida por el Ministerio de Defensa y la Diputación de Guipúzcoa, que ha cedido el uso de varios locales al Ayuntamiento. De hecho, parte de los bajos están ocupados por varios almacenes donde se guardan pertrechos de los marinos, por la sociedad Arkugain de pescadores jubilados y por el club de remo local.
Las condenas al atentado se sucedieron en la jornada de ayer e incluyeron desde el Ejecutivo autónomo al delegado del Gobierno, Paulino Luesma, sindicatos, Gesto por la Paz y la mayoría de partidos políticos. Por su parte, el Ayuntamiento de Mutriku -con nueve concejales de PNV y dos de EA- suscribió un texto en el que exige a la izquierda abertzale que muestre «públicamente su rechazo» a unos actos que «obstaculizan el desarrollo del ansiado proceso de pacificación». Más de 200 vecinos participaron por la tarde en una concentración silenciosa de repulsa convocada por el Consistorio.