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Jueves, 2 de marzo de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Un buen fichaje
El gran rendimiento del delantero donostiarra Aritz Aduriz es una de las pocas buenas noticias de la temporada
REFUERZO. Aduriz será el único punta en Sevilla. / B. AGUDO
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La verdad es que hay que buscar con lupa para encontrar una buena noticia en el erial de una temporada que, sea cual sea ya su desenlace, entrará a formar parte de la historia negra del Athletic. Una de ellas, probablemente la mejor, es la aparición de Aritz Aduriz. Del delantero donostiarra se puede decir que ha vuelto, ha visto y ha vencido. Hay un dato que lo dice todo y que habla por igual de su buen rendimiento y de las pobrísimas prestaciones del resto del equipo: el hecho de que, en un par de meses, el ex jugador del Valladolid se haya convertido no sólo en titular indiscutible sino en el máximo goleador y en una pieza clave para Clemente.

El acierto de su fichaje, pues, resulta incuestionable; tanto que cabe preguntarse por qué no se le contrató antes, no en el mercadillo apresurado del invierno, donde hurgan los equipos necesitados, sino en el gran zoco del verano. Quién sabe si el destino de José Luis Mendilibar hubiera sido otro de haber tenido a Aduriz en la plantilla como recambio de Ezquerro. Pero, en fin, tampoco es cuestión de ponerse picajoso. Aparte de que la responsabilidad de que el donostiarra no estuviese en el Athletic corresponde a quienes, en su día, le dejaron irse sin tomar la precaución de firmar una cláusula de recompra, más vale recuperarlo tarde que nunca.

La rápida importancia que ha adquirido Aduriz -no recuerdo un canterano rojiblanco cuyo impacto a su regreso al Athletic haya sido tan fuerte e inmediato- invita a reflexionar sobre un par de cuestiones. La primera es el afán de superación como virtud cardinal en la vida y en el fútbol. El jugador guipuzcoano ha demostrado tenerla. Se fue al Burgos siendo un delantero impulsivo y bullicioso, de los que se pegaba con los defensas rivales y con los banderines del córner. Tenía facultades, pero era demasiado efervescente para ser eficaz. Dos años y medio después, Aduriz mantiene sus mismos ardores guerreros -enchufado los noventa minutos, su entrega sin respiro recuerda a la de Joseba Etxeberria-, pero ha aprendido a elegir con corrección y a templarse en el área. Los chavales de Lezama pueden tomar nota.

El otro tema de reflexión se refiere a las ventajas de pasar un riguroso control de calidad en Segunda División antes de dar el salto a Primera. Aduriz es un buen ejemplo. Cuando ha llegado al Athletic lo ha hecho no para aprender -una cantinela, por cierto, que se escucha aquí con una frecuencia desconcertante, como si al primer equipo rojiblanco no hubiera que llegar ya bien aprendido- sino para dar lecciones y mejorarlo. Y es que de eso se trata. Así las cosas, cabe preguntarse si no sería bueno que el Athletic, en vista de que su filial no parece en condiciones de subir ese peldaño, oficialice mediante convenios sus vínculos con dos o tres clubes de Segunda, de forma que el proceso de formación de Lezama no termine en Segunda B sino que se prolongue de forma automática -y no sólo en casos esporádicos como ocurre ahora- en esos equipos de rango superior.

Mi impresión es que con ello se podría conseguir, en muchos casos, lo que Aduriz ha conseguido con gran mérito durante sus dos años y medio de estancia en tierras castellanas: foguearse, madurar y aprender a competir como un futbolista de Primera a una edad en la que otras promesas de Lezama dan el salto al primer equipo para no jugar o, lo que es peor, para aprender (cometiendo errores de aprendices, claro) mientras juegan.



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