Tocando nuevo fondo en sus mermados índices de popularidad y con más pesimismo que nunca entre la opinión pública de Estados Unidos sobre la guerra de Irak, George W. Bush desveló ayer sus esfuerzos telefónicos de mediación con siete líderes de las diversas facciones políticas del país invadido en marzo de 2003. Una rara implicación personal de presidente encaminada a contener la explosión de violencia sectaria generada tras la voladura de un venerado templo chií de Samarra.
Tras desayunar en la Casa Blanca con el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, Bush argumentó que «obviamente hay algunos que intentan sembrar las semillas de la violencia sectaria, destruyendo para crear caos». Pero a juicio del inquilino de la Casa Blanca, «ahora el pueblo de Irak y sus líderes deben tomar una decisión. La opción es caos o unidad. La opción de una sociedad libre o de una sociedad dictada por la gente diabólica que mata inocentes».
Bush, justo antes de marchar para una gira de cinco días a India y Pakistán, indicó que durante su diplomacia telefónica con líderes de Irak transmitió la gravedad del momento actual. Y la urgente necesidad de que alcancen un consenso político para la formación de un gobierno de unidad que cumpla con los deseos democráticos expresados por los once millones de iraquíes que el pasado mes de diciembre acudieron a las urnas.
Durante su encuentro con Bush, Berlusconi también reiteró que Italia piensa retirar para finales de este año su contingente de 3.000 efectivos desplegado en Irak. Según el primer ministro, a seis semanas de su propia cita con el electorado prevista para el 9 de abril, su país ya entrenado a miles de agentes de seguridad locales y el plan de salida es una cuestión ya acordada «con nuestros aliados y el Gobierno de Irak».
La gravedad del momento que vive el país del Golfo fue ilustrada ayer por 'The Washington Post', que en portada calculaba que la espiral de violencia registrada desde la semana pasada, a partir de la voladura del templo chií en Samarra, se ha cobrado la vida de 1.300 personas. Cifra, basada en datos de la morgue principal de Bagdad, y que supondría tres veces más de los números barajados por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos y otros medios periodísticos.
Cadáveres no reclamados
Según el 'Post', cientos de cadáveres no reclamados abarrotan el depósito de la capital, en su mayoría hombres cubiertos de sangre que han sido tiroteados, apuñalados, apaleados o aparentemente asfixiados, con bolsas de plástico todavía sobre sus cabezas. Muchos de estos cuerpos presentan las manos atadas. Y las familias que acuden en busca de los restos de sus seres queridos insisten en responsabilizar de estos asesinatos al Ejército del Mahdi, la milicia chií a las órdenes del clérigo Moqtada al-Sadr.
Este espectáculo apocalíptico de venganzas y contravenganzas -además de los atentados habituales- habría convertido la última semana en el período más sangriento desde la invasión para derrocar a Sadam. Situación que además coincide con el debate dentro del Pentágono sobre si este verano es posible una reducción sustancial de tropas estadounidenses en el teatro de operaciones iraquí, con órdenes que deberían cursarse en el plazo de semanas.
Para tomar esta difícil decisión se espera que en los próximos días viajen hasta Washington los dos principales responsables militares del Pentágono en Irak, los generales John P. Abizaid y George W. Casey. En el pasado estos oficiales argumentaron que una reducción de tropas de Estados Unidos ayudaría a superar la gran dependencia de los iraquíes en materia de seguridad. Entre las reuniones previstas de los dos generales llamados a casa se incluirá un cara a cara con el presidente Bush.