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Martes, 28 de febrero de 2006
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Florentino Pérez dimite desbordado por la desunión del vestuario del Madrid
Abandona el club blanco devorado por la crisis del equipo y la desunión del vestuario
ADIÓS. Florentino Pérez saluda a los periodistas que acudieron a su última rueda de prensa como presidente del Madrid. / EFE
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Florentino Pérez arrojó ayer la toalla. El domingo tomó la decisión en cuanto el colegiado pitó el final del Mallorca-Madrid. Entonces, con su equipo descompuesto por la derrota, se lo comunicó a los más íntimos: «Lo dejo, no aguanto ni un minuto más», les vino a decir. Y anoche lo hizo público ante el asombro general. Con la Liga virtualmente perdida, a cinco días de recibir al Atlético y a nueve del decisivo choque de Highbury ante el Arsenal, Pérez reconoció al fin sus errores y decidió presentar su dimisión irrevocable para dejar paso a Fernando Martín, un hombre de paja que ejercía como vocal de la junta directiva y también se dedica a los negocios inmobiliarios. Si no surge antes una nueva crisis, será el nuevo presidente hasta junio de 2008, cuando concluía el mandato que el 95% de los socios otorgó a Florentino y a su equipo de gobierno en las últimas elecciones.

En la conferencia de prensa más autocrítica que se le recuerda, Pérez se sinceró para responsabilizarse por completo del mal momento del equipo, sobre todo de haber «maleducado» a una plantilla que reconoce confusa. «No culpo a los jugadores sino a mí. Me he comportado como esos padres que quieren darle lo mejor a sus hijos, pero consiguen el efecto contrario porque asimilan mal sus mensajes. Quizá he sido muy protagonista y hay que renovarse. He creado demasiadas servidumbres y compromisos con los futbolistas y es conveniente que la renovación la realice otro», reflexionó un Florentino hundido, nervioso y casi con lágrimas en los ojos.

Aunque aseguró buscar el efecto contrario con un gesto de «responsabilidad y coherencia» y dejar muy claro a todos que lo único importante ahora es el club, el ya ex presidente puso a los pies de los caballos a la plantilla ante el derbi del sábado en el Bernabéu. Sobre todo cuando reconoció que no le gustaron nada algunas actuaciones de los últimos días y que el andaluz Sergio Ramos «tenía razón» al afirmar que faltaba unión en el vestuario. También subrayó como un problema que en este equipo haya algunos jugadores con «exceso de triunfos». Sobre Ronaldo insistió en que se trata «de una persona fenomenal y uno de los mejores delanteros del mundo».

Por el mal camino

Pérez negó que su decisión, comunicada antes al capitán Raúl y al técnico López Caro, sea cobarde porque suponga huir del barco en el peor momento y, de alguna forma, deja tirados a los socios que de forma casi unánime le apoyaron. «Todo lo contrario, no vamos por el buen camino y estoy convencido de que mi marcha es un gesto de lealtad a los socios y el revulsivo que el club necesita», afirmó Pérez.

En esta línea, comentó que su adiós provocará el «impulso» que el club necesita para unir todos sus estamentos y el «revulsivo idóneo para ganar la Copa de Europa o, si no, trabajar con ilusión en la próxima temporada». Tampoco dio completamente por perdida la Liga, a pesar de los diez puntos de distancia que le separa del Barcelona, líder de Primera División.

Seis años maravillosos

En otro pasaje de su multitudinaria conferencia de prensa, confesó que tomó la decisión el domingo por la noche, tras presenciar en Son Moix la patética imagen del Real Madrid. Desmintió tener algún problema de salud e insistió, una y otra vez, en que su renuncia es un «acto de coherencia». «Después de haber cambiado a varios entrenadores, el único que quedaba era el presidente», explicó Pérez.

También pretendió dar un aire de normalidad a su dimisión, de «estabilidad institucional», tras casi seis años que calificó de «maravillosos, duros y apasionantes». «Me llevo un recuerdo excepcional porque aquí he pasado los días más felices de mi vida».

Pese al mal momento deportivo, rechazó de forma categórica que la entidad esté en crisis y sostuvo la idea de que su modelo sigue siendo válido, aunque necesite correcciones. Entiende que, fundamentalmente, ha evitado que la entidad pudiera caer en manos extrañas. «Accedí a la presidencia de una sociedad sin rumbo, y lo dejo con una indiscutible capacidad de liderazgo, una nueva Ciudad Deportiva y la tranquilidad de saber que los socios son los únicos capaces de decidir el destino del Real Madrid y sus únicos propietarios», concluyó Pérez.



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