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Martes, 28 de febrero de 2006
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DEPORTES
ATHLETIC
La última convocatoria de Zarra
La basílica de Begoña, abarrotada de amigos, aficionados y representantes del mundo del deporte, se quedó pequeña en el emotivo funeral del caballero del gol El sacerdote destacó la bondad, honradez y nobleza del fallecido
EMOCIÓN. Lander, nieto de Zarra, sostiene en sus brazos las cenizas de su abuelo, arropado por su abuela Carmen, Iñaki Azkuna y Fernando Lamikiz. / FOTOS: BERNARDO CORRAL Y LUIS ÁNGEL GÓMEZ
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Telmo Zarra recibió ayer tarde el adiós del fútbol, ese deporte que él engrandeció como pocos. El funeral por el caballero del gol comenzó a las siete de la tarde, pero desde mucho antes en la entrada a la basílica de Begoña, en esa pequeña explanada con encinas y plátanos donde termina el calvario que sube desde Mallona, comenzaron a tomar posiciones cientos de personas. De ellos puede decirse que eran creyentes en el Athletic, un club que, en días como ayer, cuando su gente se reúne para despedir y rendir un tributo unánime a alguno de sus mitos, alcanza una dimensión especial. Es algo difícil de explicar, una extraña y emocionante sensación de hermandad que tiene que ver con la devoción a una memoria compartida.

La tarde era fría y desapacible; se diría que a tono con los ánimos encogidos y la tristeza de cuerpo presente de cualquier funeral. Desde las escaleras que dan al pórtico de la basílica, periodistas y curiosos asistimos al desfile de personalidades, que eran guiadas por un encargado de protocolo hacia el edificio del obispado. Por su parte, los jugadores del Athletic, que esperaron en el autobús durante casi tres cuartos de hora -salieron de San Mamés a la seis y llegaron con mucha antelación-, entraron por la puerta del ala izquierda.

Lo cierto es que nadie quiso perderse el último homenaje a Telmo Zarraonaindia Montoya, el hijo del jefe de la estación de Asua, el goleador legendario que terminaba los entrenamientos con la cara ensangrentada de tanto rematar y rematar aquellos balones pesados cosidos con bramante. Alrededor de su viuda, de sus dos hijas y de sus dos nietos, uno de los cuales portaba emocionado las cenizas de su abuelo, se reunieron jugadores, directivos, políticos, viejos compañeros, dirigentes del fútbol, representantes de otros clubes y centenares de aficionados. Había que honrar a un hombre que fue siempre un ejemplo de 'fair play', de afán de superación y de amor a unos colores que aprendió a querer admirando a sus grandes predecesores de los tiempos de la República, a Lafuente, Iraragorri, Unamuno, Bata, Chirri, Gorostiza...

Catálogo de virtudes

El sacerdote que ofició la misa, Jesús Garitaonaindia, fue puntual. Segundo antes de las siete, justo después de que un grupo de futbolistas de Lezama adornara el altar con unas coronas de calaveles rojos y blancos, hizo acto de presencia acompañado de los cuatro curas que le ayudaron en la ceremonia. Dejó de sonar entonces el órgano, que llevaba unos minutos entonando la vieja tonada del 'Alirón' y la iglesia terminó de abarrotarse, cubierta de silencio y humo de cirios e incienso.

El funeral se inició con el canto del 'Beti, betiko zoriona' y una salutación a todos los presentes, comenzando por la autoridades.

En su homilia, que llegó tras la lectura de la carta de San Pablo a los Filipenses, Garitaonaindia enumeró las virtudes del fallecido -«bondad, nobleza, generosidad, deportividad y honradez»- y recordó un titular de periódico sobre la muerte de Zarra que, según dijo, le había gustado mucho. Era uno que decía así: «El cielo ficha a otra estrella». Le gustó, dijo el locuaz párroco de Begoña, porque era cierto, porque Telmo Zarraonaindia, afirmó, «ha jugado y ganado su último partido lanzándose en plancha con balón y todo su ser para entrar por la puerta del cielo, encontrarse con Dios y conquistar el trofeo de su abrazo».

Un buen cristiano

En su alocución, Jesús Garitaonaindia no olvidó de referirse a la condición de «buen cristiano» del ex-jugador rojiblanco, que era Hermano Mayor de la Hermandad Penitencial de Begoña y hace unos años fue recibido en audiencia por el Papa Juan Pablo II. «Telmo le regaló un balón y una imagen de la amatxo de Begoña. Esto es formidable», dijo el cura, que tuvo también un recuerdo emocionado para Iñaki Gallastegui, el jugador infantil del Athletic fallecido el domingo en el trágico accidente de Larrabetzu.

Tras la comunión, tomó la palabra Javier Zabalburu, un misionero jesuita que ha pasado cuarenta años en el Congo y era uno de los buenos amigos de Zarra, del que destacó su sencillez, su bondad y un hecho inducido por estas dos virtudes: «que se parara en todos las esquinas con todo el mundo». A este recuerdo siguieron los dos cantos de despedida: el 'Begoñako Andra Mari' y el 'Agur Jaunak' final, que no pudo ser más emotivo. Lo inició un txistulari de la banda del Ayuntamiento de Bilbao y luego siguieron el coro 'Biotz Alai' de Algorta y las casi mil personas que abarrotaban la basílica. A más de uno se le escapó una lágrima en este instante, sugestionado por la belleza de la música y la tristeza del adiós a una de las mayores figuras que ha dado el Athletic en toda su historia. Eran ya casi las ocho cuando un aurresku en honor de la viuda de Zarra, frente al pórtico de Begoña, puso término a la honra fúnebre de un honrado goleador; al más grande. «Gora Telmo», gritó alguien. «Gora», respondieron todos.



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