El Correo Digital
Martes, 28 de febrero de 2006
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OPINIÓN
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No te vayas todavía
Entre sus compañeros, su entrenador, el delegado de campo y algún rival de idéntico color de epidermis consiguieron convencer a Eto'o de que no abandonara el partido. También intervino el árbitro, en cuyas atribuciones no entra la de sacarle tarjeta roja a determinados espectadores. ¿Quién inventaría eso del 'respetable público'? Es pura demagogia. El respeto se obtiene y no basta para conseguirlo haber pagado una entrada. El camerunés, que es como un puma disfrazado de bambú, tiene que soportar todos los domingos y sábados de guardar el acoso de un sector, bastante nutrido por cierto, de las aficiones del equipo contrario. Cada vez que coge el balón, cosa que hace frecuentemente, oye alaridos selváticos. Algunos hacen el mono y otros prefieren hacer de espectadores del zoológico y le tiran cacahuetes. Llegaron a exasperarle en La Romareda y el muchacho se quiso ir. «No te vayas todavía, hasta que ganemos el partido», le dijeron los suyos.

El Protocolo Contra la Xenofobia, firmado por la Federación y la Liga el año pasado, permite suspender un partido por ataques racistas. Una norma de difícil cumplimiento, ya que permite que los insultadores eliminen al jugador que elijan y castiga a los espectadores decentes que no se meten con nadie. Si los árbitros lo aplicaran estaríamos en manos de los bárbaros. Problema de difícil solución. Los españoles, que decimos que no somos racistas aunque no nos gusta parecer gitanos, ni hacer el indio, ni trabajar como negros, ni que nos engañen como chinos, no acabamos de entender que el deporte debe ser esa especie de esperanto donde podamos hablar todos. No era así antes. Jamás oí gritarle a Larbi Ben Barek. Eran tiempos de pobreza y esperanza y los niños de entonces veíamos el fútbol de pie y coleccionábamos cromos. Recuerdo que los de Zarra se cambiaban por tres o cuatro.



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