Visualice un ciprés. Puede llegar a ser muy alto, esbelto y resistente. Y ni se dobla ni cede por el peso, ni se cae. ¿Por qué? En parte, porque el aire puede atravesarlo. Ahora acuérdese de las bocas de metro del suburbano de Bilbao. Norman Foster se fijó en la cola de las langostas para diseñarlas. Otro arquitecto, Santiago Calatrava, tomó como modelo los esqueletos de los insectos para crear algunos de sus puentes.
En la semejanza ciprés-rascacielos subyace la filosofía de que la naturaleza misma reúne los más eficientes arquitectos, ingenieros y constructores. Al fin y al cabo, apuntan sus defensores, «la naturaleza lo hizo primero y lo hizo mejor». Sin necesidad de pilares, vigas ni andamios, tan sólo apoyándose en leyes de crecimiento. Es la Biónica, una corriente que nació en Rusia a mediados del siglo XX. Disciplina puente entre la biología y la tecnología industrial, estudia las estructuras y los procesos en los fenómenos biológicos y aprovecha estos conocimientos para desarrollar, perfeccionar y humanizar el entorno tecnológico. Antes que en la arquitectura urbanística, sus aplicaciones se han centrado sobre todo en la ortopedia avanzada y la robótica.
Con este mismo espíritu naturalista, el estudio Cervera & Pioz ha concebido algunos de los edificios de la futura 'Ciudad de España en Shanghai'. Los arquitectos basan muchas de sus planificaciones urbanísticas en otra idea anterior: la 'Torre Biónica', el rascacielos más alto del mundo «que ningún Gobierno se ha atrevido a comprar», advierten. Es un proyecto en el aire, una idea dibujada sobre papel. Y también es «una ciudad en sí misma» que podría dar cobijo a 100.000 habitantes.
Doce barrios verticales
«Bajo el modelo convencional de urbanismo horizontal, ubicar a este número de personas ocupa una extensión de cuatro kilómetros cuadrados de diámetro. La 'Torre Biónica', en cambio, emplearía un área de un kilómetro de diámetro y urbanizaría hacia arriba, en vertical», explica Javier Gómez Pioz. Para crearla, el estudio se inspiró en el mencionado ciprés, en la ligereza y resistencia de los huesos de las aves, la flexibilidad de las estructuras vegetales, la capacidad de los microorganismos para adaptarse. En la Naturaleza.
En un lenguaje más accesible, la idea es que el edificio esté compuesto por doce barrios verticales de 80 metros de altura media cada uno, independizados entre sí por áreas de seguridad para facilitar su desalojo en caso de emergencia. Cada nivel posee dos estructuras, la interior y la exterior, ambas alrededor de grandes jardines verticales y estanques. Ya en tierra firme, se distribuyen edificaciones de media altura, jardines, lagos e infraestructuras de comunicación.
El uso previsto del complejo es polivalente: hoteles, oficinas, viviendas, comercios, dotaciones culturales, deportivas y lúdicas... Una obra de ingeniería descomunal. «Sólo habrá que aguardar a que se evapore el temor a lo sucedido con las Torres Gemelas de Nueva York».