Shanghai, la gran ciudad comercial del gigante asiático, China, es un bosque increíble de rascacielos. En 2010, acogerá una exposición universal y las autoridades están inmersas en una carrera desbocada para desbancar a Hong Kong como centro financiero y de moda de Asia. Allí se cuentan más de cien torres de 400 metros de altura -en Madrid hay tres- y viven 18 millones de habitantes que madrugan para coger su bicicleta o la moto para ir a trabajar. Doce horas diarias, siete días a la semana. Miles de controladores de tráfico se pelean en los cruces con los ciclistas y los motoristas.
En general, son una minoría los chinos que hablan inglés -y menos, español-. También escasean los que entienden una dirección escrita en caracteres occidentales. El salvavidas del turista es una tarjeta que lleva impreso 'please, take to me...' ('por favor, lléveme a...') con los nombres de las principales atracciones escritos en mandarín e inglés. Provisto de este acordeón de ideogramas, podrá conocer la ciudad.
Pero Shanghai está cada vez más occidentalizada. Los nombres de las calles figuran en chino e inglés. En el Museo de Arte se han expuesto obras del impresionismo traídas del Museo de Orsay de París y hay una avenida de ocho carriles inspirada en los Campos Elíseos. La televisión retransmite las corridas de toros, el equipo de fútbol del Real Madrid es un fenómeno social y el flamenco está de rabiosa moda.
Es tal el furor que causa la cultura castellana que en el distrito de Fengxian (tres millones de habitantes), a 40 kilómetros al sureste de Shanghai y cerca del puerto de Yangshan, el más grande del mundo, han empezado a construir la llamada 'Ciudad de España'. Concebida para albergar a 100.000 personas y para ser «pujante, pero independiente de la metrópoli», con centro político propio, evitando en todo caso que se convierta en una ciudad-dormitorio. Sería una alternativa al crecimiento de Shanghai, que no tardará en alcanzar los 25 millones de habitantes (está en los 18) y tiene ya cerca de 100 kilómetros de diámetro. Antes de quince años, precisará de diez nuevos barrios para 100.000 habitantes cada uno.
Cada día en Shanghai se termina una nueva obra pública o aparece como una seta un edificio gigantesco y ultramoderno. Rascacielos rematados con penachos de láser, autopistas que se tejen en tréboles de tres, cinco y hasta siete niveles iluminados con luz púrpura... Una de cada cuatro grúas de construcción en el mundo trabaja allí. «Dentro de 50 años no podremos extendernos más ni construir otras localidades. Habremos de cambiar el concepto de urbanismo», confesó el alcalde, Han Zheng, al arquitecto español Javier Gómez Pioz, del estudio Cervera & Pioz, que comparte con su mujer, la también arquitecta Rosa Cervera. Son los mismos que tratan de vender desde hace años el proyecto de la 'Torre Biónica'; el rascacielos más alto del mundo, que se elevaría hacia las nubes 1.228 metros, el equivalente a 300 plantas.
Cervera y Gómez Pioz le dieron muchas vueltas a la cabeza antes de presentarse al concurso 'Una ciudad y nueve pueblos' que las autoridades lanzaron con el objetivo de construir nueve urbes en torno a Shanghai, cada una dedicada a un país y a su estilo arquitectónico. Y lo ganaron. En la 'Ciudad de España' diseñada por Cervera & Pioz habrá una iglesia católica -la segunda de Shanghai- en el país del politeísmo y el sincretismo.
Habrá también un centro de gobierno, una corte de Justicia y la sede de la Policía; un complejo comercial y un centro cultural, el 'Gaudí'. Y una escuela para Secundaria. Será una urbe en horizontal: bloques de cinco o seis alturas y calles abiertas. Requisito imprescindible es que todo sea muy castizo. De pura cepa española. O casi.
Iglesia católica
«Les gusta el concepto de plazas y jardines que tenemos en España, de utilizar la calle para caminar», explica Gómez Pioz. Pero, antes de llegar a este tipo de determinaciones, el arquitecto se vio en la necesidad de cambiar algunos tópicos sobre lo 'spanish' instalados entre su clientela asiática. «Costó convencerles de que el estilo español no era el de los edificios coloniales de Tijuana, ni el de los colores pasteles en verde y amarillo de las viviendas de Miami. Se habían fijado en la casa de Julio Iglesias allí», recuerda.
Javier Gómez Pioz y Rosa Cervera hicieron de guías turísticos por unos días y acompañaron a la corporación municipal de Shanghai a visitar el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el Palacio Real, La Alhambra de Granada... «Nosotros no somos tan folclóricos como creéis. Esto es lo español», les ilustraron. También les mostraron el Museo Guggenheim de Bilbao, matización incluida: «Esto no lo ha hecho un español, pero forma parte de la cultura española».
Los miembros de la delegación china se quedaron algo abrumados. En El Escorial, en La Alhambra, vieron poco ornamento y demasiada piedra... Pero les gustó. Eran estructuras sobrias y elegantes. Sencillas y contundentes. Asépticas por fuera y ricas por dentro. Tenían ritmo. «La arquitectura tradicional china es encantadora, pero ¿cuántas pagodas quedan en China?», les preguntó Gómez Pioz. «Admitieron que cada vez menos».
Con estas bases bien definidas, y con la premisa de que «chinos y españoles somos dos culturas muy parecidas: alegres y extrovertidos, nos gusta comer y reírnos y resulta fácil entenderse», se depuró la propuesta urbanística inicial y se acabó planteando una 'Ciudad de España' «reconocible no por su apariencia, sino por sus raíces». «Es como cuando vas a un restaurante chino y, si no te ponen los palillos, no te acaba de parecer chino», ilustra Gómez Pioz.
Piedras con 'karma'
En 'la otra' España, una especie de Plaza Mayor, como la que hay en las ciudades españolas, aparecerá circundada por edificios no muy altos y con soportales. «No hemos cogido El Escorial y lo hemos plantado allí sin más», concluyen sus creadores. Eso sí, todos los bloques deberán estar dispuestos según los parámetros que marca el Feng-Shui, arte consistente en modificar el ambiente, seleccionando cuidadosamente la ubicación de los objetos. Sus ancestros creían que el entorno afectaba la manera de sobrevivir, algo así como que los edificios también tienen 'karma'.
Las fachadas de firma y concepto español estarán orientadas hacia el sur -el lugar de la abundancia y la fortuna, porque es allí donde más calienta el sol- y los ángulos tendrán que estar rematados en las esquinas; éstas, ni serán impares ni apuntarán directamente a las personas. A medio camino entre lo concreto y lo abstracto, entre lo macizo y lo transparente. «Un bloque entero de hormigón sería demasiado concreto y uno de cristal, demasiado abstracto». En el interior, las formas deberán adaptarse para que la energía fluya en forma de ocho, haciendo círculos. El ocho es el número de la suerte en China.
Junto a la 'Ciudad de España', en el distrito de Fengxian se están construyendo una 'Alemania' y una 'Gran Bretaña'. Hay espacio reservado para 'plagiar' otras seis ciudades. Probablemente europeas, aunque su identidad está aún por decidir. Cuando se conozca, harán doblete, como España.