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Lunes, 27 de febrero de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
Sin piedad en el reencuentro
Una semana después de su final copera, el Baskonia vuelve a someter a un Pamesa que soñó con la revancha durante dos cuartos
CON FUERZA. Splitter, a un alto nivel todo el partido, captura un rebote ante Stepp. / ALFAQUI
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PAMESA TAU CERÁMICA -
79 87

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Por un momento se lo creyó el Pamesa Valencia. Soñó con ofrecer un estímulo a los suyos, con regalarles una revancha tras lo sucedido siete días atrás en el Palacio de Deportes. Ansiaba un triunfo en su reencuentro con el soberano de Madrid'06. En busca de esa venganza en plato frío, se esforzó, sudó de lo lindo... y al final, cuando el monarca absolutista se desperezó, acabó bajando la cabeza. Resignado ante la cruda realidad.

En ese punto, mediado el tercer cuarto, apareció el Baskonia más inmisericorde. Olvidando que se trataba de su quinto esfuerzo oficial en diez días, surgió de la bruma, casi sin avisar, para terminar por exhibir su corona en el hogar del aspirante.

Y es que el de la tarde de ayer no fue un partido más. Al menos, para el bando valenciano, herido en su orgullo por cómo transcurrió la reciente final copera. Los fotogramas de ese compromiso de tan grato recuerdo en Vitoria todavía están muy frescos en la memoria 'taronja'. En el ambiente vagaba el crudo aroma de la revancha. El único consuelo que le quedaba al subcampeón levantino, aparte de revertir su línea descendente en la ACB. El 79-87, no en vano, supone su cuarta derrota consecutiva en el campeonato. Dicho de otra forma, mudo en toda la segunda vuelta.

Ese superávit de motivación corrió por sus venas durante los primeros veinte minutos de la contienda. Hipervitaminado, movió cada articulación con una energía inusitada. Rabioso, hambriento, con los ojos inyectados en sangre. Vamos, pleno de deseo. Mientras que el inquilino del Buesa Arena daba muestras de humanidad en esa fase inicial.

Ganas de revancha

Que el Pamesa saltaría con varias cuentas pendientes se suponía un asunto fuera de toda duda. De hecho, salvo el detallazo de la afición local de regar los oídos azulgranas con una sonora ovación en su presentación, todo lo demás se asemejó más a una guerra. Porque el cuadro levantino irrumpió en el parqué con una cinta color caqui en la cabeza y el rostro tiznado de carbón.

Esa motivación extra representó su principal combustible. Además, esa espumosa entrada a escena sorprendió al TAU Cerámica. Más que nada porque apareció legañoso. O sea, los papeles se intercambiaban respecto a la final de la pasada semana.

Lanzados por Vule Avdalovic, los locales pronto cogieron carrerilla. El serbio enlazó un triple tras otro, bien secundado asimismo por Dikoudis. Complementó esa claridad adelante con una intensidad máxima en sus dominios que incomodaba cada movimiento azulgrana. Ese chaparrón amordazó al Baskonia. En especial, al dúo Prigioni-Scola, esenciales ambos.

El Pamesa retorcía sin compasión el cuello vitoriano. Vigoroso y autoritario. En los visitantes, en cambio, las ideas brillaban por su ausencia. Goteras en su zona y precipitación ofensiva. Nada funcionaba. La conexión con los pívots era inexistente, los aleros lanzaban triples sin orden ni concierto, los bases no acertaban a involucrar al resto... En términos númericos, quince abajo transcurridos dieciséis minutos de juego (37-22).

Para complicar un poquito más el asunto, un Scola especialmente afónico -su primer punto llegó en el minuto 27- cometió su tercera falta personal al poco de arrancar el segundo cuarto. Perasovic ordenó a Drobnjak quitarse las telarañas. A pesar de que al balcánico se le apreció más activo que antaño, tampoco mejoraron las expectativas. 43-33 al descanso.

Algo sucedió en el vestuario azulgrana durante el intermedio. ¿Una bronca monumental? ¿Tal vez un grito de vergüenza al examinar la estadística? No está clara la razón, pero el caso es que el TAU reapareció con otra cara en el escenario.

Encerró su baloncesto liviano en alguna taquilla perdida y saltó con el uniforme de las últimas citas. El del poderoso. El de un equipo de automatismos precisos, pétreo y con la victoria tatuada en la frente.

Cambio de papeles

Desandó el camino en un plis-plas. Prigioni recuperó el bastón de mando. Hansen hizo un poco de todo. Vidal mostró su faceta más valiente y el Pamesa, incrédulo, vio de pronto cómo su ventaja quedó reducida a la nada (53-53, minuto 27). Además, Scola se apuntó a la fiesta.Volvió el famoso bloqueo y continuación, la solidez defensiva y la cabeza fría. Demasiado para el aspirante, en el que ya no había señales de Avdalovic, ni de un renqueante Dikoudis -lastimado en un tobillo- o del vigoréxico Garcés.

Cambiaron tanto los papeles, que el regenerado Baskonia puso tierra de por medio. Desacomplejado. Mientras que el Pamesa tenía la mirada vidriosa. Hasta el público, que se las prometía muy felices, empezó a tomarla con el trío arbitral en busca de algún chivo expiatorio.

Dentro de ese clima enrarecido, el TAU contuvo el aliento. Sabedor de que las musas habían cambiado de hábito (67-79, minuto 33), tan sólo se trataba de administrar esta pequeña fortuna. Así que aguantó a pie firme, para rubricar otro triunfo de esos que saben a gloria.



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