Hubo un tiempo, no hace mucho, que en lo más profundo de la vieja y culta Europa surgió un feroz movimiento totalitario, que dio pie al partido nazi alemán y la subida al poder -con la colaboración de muchos millones de alemanes- del 'Tercer Reich', acaudillado por el político austríaco Adolph Hitler. Es el marco donde se desarrolla esta inclemente pero necesaria película, donde se rinde un sentido homenaje de admiración a algunas de las personas que se atrevieron a desafiar a semejante caterva de asesinos.
Sophie Scholl, su hermano Hans y un tercer integrante de la organización no violenta La Rosa Blanca, tres jóvenes estudiantes en la flor de la vida, fueron detenidos, interrogados y guillotinados por arrojar en la universidad de Múnich unas octavillas contra el infrahumano régimen que devastó Europa durante los infaustos días de la II Guerra Mundial. Tres jóvenes íntegros y de una lucidez, valentía y generosidad a prueba de bombas, que nos conmueven hasta la congoja.
El esfuerzo creativo del novel Marc Rothemund se convierte así en un sobrecogedor alegato antitotalitario, realizado de forma sobria, pero también con abundantes reiteraciones, en un filme, sin embargo, tan valioso como oportuno, que insta a los espectadores a ir por la vida con la cabeza bien alta y con un decidido afán de ser libres. Es, asimismo, un elocuente cántico al sacrificio de unos jóvenes maravillosos, gracias a los cuales se demuestra que Alemania, en aquellos años de plomo, también fue una gran nación.